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Crónicas

Hora Zulú + Sonora @ Sala Penélope, Madrid (14-12-13)

» Publicado el 20 dic por Javier Caulfied

¿Cuántas veces habré podido ver a los granadinos en directo? Más de una quincena de veces, ¿y por qué seguir yendo a verles? Sencillo: flechazo desde su debut en 2002, y puro amor creciendo dentro de mí a cada escucha, disco y concierto presenciado. Solamente este año los habíamos visto ya otras dos veces (el nueve de marzo en la Sala Live y el dos de mayo en el Viña Rock), pero esta era muy, muy especial, porque han decidido separarse debido a otras ocupaciones de sus miembros, algo de hastío quizás (nadie, excepto ellos, lo sabe con certeza) o nuevos proyectos de los que, a buen seguro, pronto tendremos noticias.

Si el día anterior nos tocaba decir adiós a Riot Propaganda, en esta ocasión tocaba hacer lo mismo (y en la misma sala) con otra banda que lleva casi quince años en los escenarios. Abrían los madrileños Sonora, el otro proyecto que se traen entre manos Kosta y Grass (guitarra y batería, respectivamente) de Boikot desde hace ya casi una década. Presentaban su segundo disco, Elemento Aire (Maldito Records), publicado el año pasado tras un considerable periodo de inactividad discográfica, pues su proyecto principal los tiene ocupados casi las veinticuatro horas del día.

Sin desmerecerlos en absoluto, pasaron bastante desapercibidos para una rebosante Sala Penélope que había venido a despedir a Hora Zulú en su concierto número 375 con todo el papel vendido. Desde la primera nota hasta la última, a lo largo de veinticinco temas y una hora y cuarenta minutos de concierto, no pude (ni quise) evitar tener ciertas sensaciones acerca de esta despedida. La más notoria fue que, según se iba sucediendo una canción tras otra, parecía que estábamos más ante un concierto más de Hora Zulú que ante un punto y aparte (o punto y seguido, esperemos): Quini (guitarra) meneando sus rastas, dando “latigazos” a sus compañeros con las mismas y azuzando al público; Alex Bedmar (bajista) con su bajo casi rozando el suelo y golpeando las cuerdas (fuerza y contundencia son los adjetivos que usaría para describir su manera de tocar); Paco Luque (guitarra) en posición de concentración máxima, junto a sus pedaleras e hipnotizando a todo aquel que se atrevía a echar un vistazo a su arte a la seis cuerdas (siempre me ha parecido uno de los mejores guitarristas que haya tenido la suerte de ver en directo); Javi Cordovilla con su expresión seria en la batería, abusando con estilo del hi-hat y dando color a las canciones a base de baquetazo tras otro; por último, Aitor Velázquez (voces), con sus particulares bromas y comentarios entre canción y canción, además de los constantes vaciles en clave de broma hacía sus compañeros (especialmente, como es costumbre, a Paco Luque) con continuos gestos, que hasta parte del público imitaba por inercia.

Otra cosa que me llamó la atención fue la sensación de incertidumbre que había entre el respetable, preguntándonos qué demonios tocarían esta noche: ¿sería más largo de costumbre? ¿Tocarían canciones que no suelen tocar para esta ocasión? Y la respuesta la fuimos comprobando tema tras tema. De nuevo, una noche más para el combo andaluz, lo cual no es ninguna mala nueva, porque ellos siempre han dotado a sus conciertos de un potente lista de canciones que conjugaba testimonios de cada disco, dando especial importancia a su primer (y más celebrado) disco, tocándolo casi entero, y a su última referencia.

De este modo, el manifiesto fue el siguiente: ‘Mis Barraqueras’, ‘Tango’, ‘En El Lugar A Estar’, ‘Con Mi Condena’, ‘De-Que-Rer-Ser’, ‘Que Me Mata’, ‘Gabinas De Cochero’, ‘El Alma Y Los Pies’, ‘Por Los Ceniceros’, ‘Toma Y Obliga’, ‘Lluevan Flores’, ‘Nuestro Entonces’, ‘Yonki Supartar’, ‘Que La Tierra Te Sea Leve (S.T.T.L.)’, ‘Y No Protesto’, ‘En Tu Nada’, ‘Tanto Que Perdí’, ‘Luego Querrán’ (con Hate de Violadores Del Verso como invitado), ‘Tientos’, ‘Coplas De Negra Inquietud’, ‘Camarada’, ‘Golpes De Pecho’, ‘Agua De Mayo’, ‘Andaluz De Nacimiento’ y, como siempre, el final con ‘A Ver Si Me Entiendes’.

Ahí es nada… Nueve del primero, cuatro del segundo, tres del tercero, cuatro del cuarto y cinco del quinto. En definitiva, un concierto más con un par de extras más, y yo lo celebro. Dejan un hueco importante para muchos de nosotros, pero con la cabeza bien alta, sin deterioro escénico alguno y con un potencial artístico que alcanzó su mayor nivel en su quinto disco, editado a través de Kaiowas Records el año pasado. ¿Con qué nos quedaríamos? Con todo. Con cada disco, cada concierto, cada guitarra, bajo, batería, verso, tempo, risa y (no visible o reconocible ante el resto quizás) llanto. Con uno de los grupos más originales que jamás ha dado este país y que, a buen seguro, no tendrá más relevo que (crucemos los dedos) una vuelta de ellos mismos de aquí a unos años. Muchos de nosotros ya los estamos echando de menos. ¿El momento? Al final de la actuación, con el final de ‘A Ver Si Me Entiendes’, a Aitor Velázquez mirando prácticamente a cada asistente a los ojos,  expresión salida del corazón y regalando gratitud por cada poro: “Gracias, gracias, gracias, gracias…”.


Texto y fotos: Francisco Javier Pérez Díaz-Pintado

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