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Crónica: Touché Amoré + Code Orange @ Sala Bóveda, Barcelona (21-06-17)

» Publicado el 08 jul por Jorge

Cuando tenía 18 años no era el mismo. Es verdad que la música me gustaba tanto como ahora (nunca más, eso es imposible), pero no iba a la misma cantidad de conciertos. De ahí que los días anteriores me los pasase en modo monotemático, sin dar cancha a nada más que los temas de las bandas que iba a ver.

Ahora, con una mayor cantidad de bolos en la agenda, algunos de los cuales tenían lugar a pocos días el uno del otro, es distinto. Es verdad que sigo escuchando preferentemente lo que primero que está por llegar, pero no con la insistencia de antaño. O al menos así suele ser, porque las últimas semanas, en vistas de la primera actuación de Touché Amoré en una sala española (ya habían debutado en nuestro país, pero dentro de un festival -Primavera Sound 2014-), se rompió la tendencia. No solo tenía el móvil que echaba humo (figuradamente hablando) gracias a la playlist que había creado en Spotify con sus mejores temas; sino que cada poco, siempre que podía, encendía YouTube y buscaba alguna actuación reciente para saber más o menos que iban a tocar y, ya de paso, sumergirme de manera inmersiva en su mundo. Debido a ello temía que la banda no obtuviese la respuesta que se merecían y que en un futuro próximo, por mucho que estuviesen cercanos al sold out (el cambio de sala por obras impidió que lo consiguieran), prefiriesen no venir. Y he de ser sincero, nada más comenzar su concierto me tuve que comer mis palabras.

Aunque para que eso sucediese los allí presentes antes teníamos que disfrutar del directo de Code Orange. La formación de Deathwish Inc. (es necesario apuntar el nombre de su sello porque eso dice mucho de su propuesta) venían a Europa a presentar los temas de Forever, su último disco, publicado a principios de año. Si bien en muchos lugares se les considera como una banda de hardcore punk, cuando uno les disfruta en directo se da cuenta que poco o nada tienen que ver con lo que hacían en su época grupos como Black Flag  o Circle Jerks. Lo suyo es más metal extremo y alocado en la más estricta definición de las palabras. O bizarro, si lo preferís, porque costaba entender su propuesta, sobre todo si no estabas muy puesta en ella de antemano. Fuese como fuese, la formación tuvo su público aquella noche que se encargó de que las primeras filas sufriesen sus diversos circle pitsmosh pitsheadbangings. Ellos respondieron con un set 100% de presentación (la mayor parte de este lo compusieron canciones de su nuevo álbum), que a la postre, aunque pueda parecer raro (siempre se suele preferir una mezcla bien batida de todo lo que tienen), es lo que querrían sus fans, esos que venían por ellos y que, en muchos casos, ni conocían a Touché Amoré. Aun con esas, supieron dar el máximo y explotar todos sus puntos fuertes, mezclando a partes iguales los temas para así dar buena muestra de lo que les diferencia de otros: la diversidad de voces, pues a diferencia de otras formaciones, que tienen un cantante claro, ellos se encargan casi al completo (Joe Goldman, su bajista, es el único que no participa en ello) de cantar los temas. Lo que está claro es que no dejaron a nadie indiferente, les conocieras de antemano o no. Y eso no pasa siempre. Bien por ellos.

Lo que está claro es que al público que aplaudió la salida al escenario de Touché Amoré y que, acto seguido, se agolpó en las primeras filas nada más comenzar los primeros compases de ‘Flowers and You’, el primer tema de la noche (y de Stage Four -Epitaph-, su último disco), para empezar a cantar a pleno pulmón eso de “I’m heartsick and well rehearsed (…)”, no se le olvidará en mucho tiempo su actuación. Tanto si los hubieses visto ya (en su anterior visita a la Ciudad Condal o a algún otro punto de Europa -como nosotros en el Groezrock 2014-), como si no. Porque ellos están hechos de otra pasta. No son una banda de hardcore, o más concretamente post-core, al uso, sino que consiguen atraer a un público que va más allá de aquel que tiene ganas de acercarse al escenario e intentar hacer stage diving o, si no, en su defecto apretarse delante mientras poguea cantando “I’m parting the sea between brightness and me. Before I drown myself and everyone and everything (…)”, posiblemente uno de los inicios que más veces nos ha puesto el vello de punta (corresponde al primer párrafo de ‘~’, el tema con el que abrían su ya iconico Parting the Sea Between Brightness and Me -Deathwish Inc.-).

Lo dicho, aquí se junta de todo, incluido amantes del post y de los sonidos más emocionales, que no tienen porque venir unidos a la rabia y fuerza del hardcore. Pero daba igual, si alguna vez has vibrado con sus canciones (ya fuesen más enérgicas, como la mencionada ‘~’, más sentimentales -momentazo con ‘Palm Dreams’- o más atmosféricas -‘Harbor’-, aunque de estas últimas hubo pocas, solo para dar un respiro a la gente), tus pies te iban a jugar una mala pasada y hacerte mover y a la postre sudar. Ya si eras un gran fan con ganas de sentirlo todo un poquito más, y visto lo visto fuimos unos cuantos, te “pegabas” (en el buen sentido de las palabras) con él de al lado en pos de conseguir acercarte a Jeremy Bolm, su cantante, mientras intentabas no salir perdiendo en la jugada. Ellos mientras iban desgranando un set escogido con gusto. Porque, si bien venían a presentar Stage Four (Epitaph), ellos sabían que era una ocasión especial (se le notaba en la cara al humilde Jeremy -se le pudo ver delante de la sala antes de abrir las puertas como si el fuera uno más- y más en sus palabras) y por ello hicieron una mezcla cuasi perfecta.

Un cóctel, que como los mejores, tuvo su punto álgido al final, cuando estaba terminándose. Su desenlace fue con, en este orden, ‘Just Exist’, la apoteosica ‘Pathfinder’ (cualquiera de los presentes que tuviese sangre en las venas en vez de horchata, por mucho que fuera de los inmóviles en los conciertos, seguro que ahí lo dieron todo, aunque fuese solo con la cabeza); la intensa ‘Method Act'; la raruna pero molona ‘Honest Sleep’ (¿Quien iba a pensar que a estas alturas de su carrera se iban a acordar en un par de ocasiones de su primer álbum? Pocos); y ya para cerrar, en modo bis (parafernalia incluida), la especial ‘Gravity, Metaphorically’ (de su split junto a Pianos Become The Teeth). Ahora tocaría decir que ojalá nunca hubiesen terminado o que nos faltaron esta y esta otra y que bien que las podían haber tocado y así hacer un bis, valga la redundancia, más completo; pero tras la hora larga de concierto con la que nos deleitaron pocas fuerzas nos quedaban de más, así que no podemos más que decirles (si es que alguna vez leen esto y, sobre todo, lo entienden) que G-R-A-C-I-A-S por el bolo (hablar de existir sería exagerar un poco, aunque bien habría valido).

Texto: Jorge Garrido Yuste

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