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Crónica: Resurrection Fest 2014 @ Viveiro, Galicia (31-07-14)

» Publicado el 22 ago por Javier Caulfied

Este verano, Ctrl Rock ha peregrinado hasta la localidad de Viveiro para experimentar en primera persona lo que siente uno al estar rodeado de conciertos y un ambiente inmejorable durante tres días seguidos. Lejos de ser una experiencia religiosa, el sarao que la promotora gallega ONP Productions monta desde hace 9 años no sólo atraviesa la barrera del sonido ni pone a prueba tu condición física sino que también genera un beneficio económico importante para el municipio y, en respuesta a eso, los habitantes ejercen como anfitriones acogiendo muy bien a todos los visitantes que han elegido su pueblo en esas fechas como su destino vacacional o para realizar una escapada rápida para desconectar.

Antes de empezar a relatar lo vivido en cada una de las tres jornadas hay que mencionar los tres enclaves principales del recinto de este año, en primer lugar, el escenario Ritual, una carpa que congregaría a los amantes de estilos minoritarios como el doom o el stoner, el escenario Chaos, campo de batalla para los seguidores del hardcore y el punk rock y por último, el escenario Main, el más grande y el más ecléctico de todos.

El cansancio acumulado debido a un viaje en autobús casi interminable hizo que sólo pudiera disfrutar de los últimos minutos de los franceses Rise Of The Northstar; el combo francés descargó su peculiar hardcore ante numerosos fans y curiosos que optaron por hacer la digestión viéndoles. Tras ellos me dirigí sin pestañear al Ritual Stage donde debutaban los vascos Cobra, uno de los atractivos del primer día e imperdible si no has tenido oportunidad de verlos en alguna sala de tu ciudad. En mi caso, me agradaba la idea de escuchar su atronador directo una vez más y no dudé en colarme hasta las primera filas para no perder detalle y contemplar lo maravillado que estaba el público durante su stoner-show, y tal vez más al darse cuenta de la presencia de David de Berri Txarrak, que son viejos conocidos del “Resu”. Tocaron media hora sin rodeos y no olvidaron dar las gracias a todos antes de abandonar el escenario. Otras caras conocidas -o me atrevería a llamar hijos adoptivos de Viveiro- eran los lusos More Than A Thousand que interpretaron en el Main Stage algunos de sus clásicos y también temas de su último disco Vol. V: Lost At Home (SPV/Steamhammer Records). El grupo, comandado por el también productor Vasco Ramos, dio paso a la primera banda de punk rock del cartel.

Cuarta vez que veía a Atlas Losing Grip, pero lo cierto es que esta vez tenía más ganas que nunca. Primero porque los suecos siguen capitaneados por el mítico Rodrigo Alfaro –otrora batería, y después vocalista, de los extintos Satanic Surfers-, y eso ya es una garantía; pero sobre todo porque a pesar no gustarme en exceso en un principio, a fuerza de trabajarse España en los últimos años, ya sea abriendo para No Fun At All o Millencolin o participando en el Sick Of Bean Fest 2013 en Madrid, se han ido labrando un nombre por aquí. La colección de temazos que conforman State Of Unrest (Black Star Foundation) suena cada vez más compacta en directo: ‘Logic’, ‘All In A Days Work’, ‘Different Hearts & Different Minds’, ‘Black Hole’ o ‘Bitter Blood’, que considero un clásico contemporáneo del género. Reservaron un hueco para adelantar un tema nuevo de su tercer disco… Ese que se lleva prometiendo hace más de un año y medio, y que aún tenemos ganas de catar. Sonaron regular, y Rodrigo estuvo estático como de costumbre: posición trademark a la hora de coger el micrófono, algunos caretos y la excusa de tener una buena resaca; no obstante, sus compañeros de fatigas sí que se movían constantemente y se les notó pelear por lo que es suyo y lo que están construyendo concierto a concierto, y eso siempre transmite.

Los que no nos aguantamos para ver el comienzo de Minor Empires no perdimos más tiempo y salimos corriendo hacia la carpa del Ritual Stage para ver de nuevo -o por primera vez- el proyecto de Juan Blas y Miguel Peñas (ex-Nothink), Víctor García Tapia (ex-Toundra) y Javier Seisdedos (Moonich). A pesar de la ausencia de Miguel en la batería, no sonó menos potente ‘Linsey, ‘Empty Rooms’ y demás piezas de su disco debut que incluyeron en su corto pero intenso set. Si hubiera que elegir un concierto mágico, sin duda el suyo sería uno de los candidatos a serlo. Sin respirar teníamos que correr hacia el escenario principal ya que tocaba una de las guindas de la primera jornada: los americanos Red Fang. La multitud que estaba presente sólo era un reflejo del momento profesional que viven en la actualidad. El grupo nos dio la primera lección de rock sobre las tablas y dieron uno de los mejores conciertos de ese día (con el permiso de los discípulos de Thor, y del retorno de Zoli y compañía).

Por el camino se nos quedaron Backtrack, que a pesar de ver solo los temas finales, me parecieron una bomba de adrenalítico hardcore; si el año pasado gocé con Comeback Kid y me apunté sabiamente el nombre de Devil In Me, este año hice lo propio con Backtrack. A la hora de cenar y justo donde lo habían dejado Red Fang, aparecía Crowbar. La veteranía del grupo liderado por Kirk Windstein se hizo notar, pero con cierto aire juvenil, a juzgar por la emoción que mostraba el cantante a lo largo de su actuación. Gracias a ellos apuntamos en la lista de géneros musicales pendientes el denominado doom-core.

Algo cojonudo se cocía justo en este momento, y lo lamento por aquellos que se perdieran a Authority Zero, bien por no conocerlos, por estar descansando o lo que fuera… Porque fue una de las mayores fiestas, sin lugar a dudas. Los que han visto a los de Arizona abriendo para Pennywise o A Wilhelm Scream saben de lo que hablo. Mientras algunos de los frontman de punk rock/hardcore melódico más influyentes de la escena van perdiendo fuelle con los años, Jason DeVore hace cuasi honor a su apellido y se los “devora” a todos escupiendo versos a toda velocidad y a modo de reggae sobre un potente punk rock vertiginoso que te envuelve; cuando te quieres dar cuenta estas coreando ‘No Other Place’, ‘Lift Me Up’ o ‘Liberaeducation’. También recordaron a Tony Sly con la brillante ‘Today We Heard The News’, en el día exacto de su muerte dos años antes. Y no sólo eso: este señor se bajó a cantar con el público, se lanzó a él con una cariñosa acogida, y ninguno de ellos paró de encandilarnos con una simpatía simétrica a su madurez como grupo, pues no llevan precisamente dos días. ¿Un adjetivo para definirlos? Actitud. Turno para encomendarnos a los dioses y echar mano de un martillo para aguantar estoicos una de las bombas del cartel, los mastodónticos Amon Amarth, que se dejaron el barco en su país natal pero a cambio hicieron gala de una puesta en escena más humana y cercana. Su técnica tan perfecta seguramente intimidó a los pasivos e hizo botar y gritar a los demás. Incluso nos atreveríamos a apostar a que algún vecino de los alrededores también se percató de su sonido a martillazos mientras botábamos durante el estribillo de ‘The Pursuit Of Vikings’.

Un pequeño descanso frente al Ritual Stage me permitió conocer en la lejanía a The Ocean, que sin tener la menor idea de qué hacían me dejaron embobado con su técnica musical y sus parajes sonoros durante un buen rato. Más de uno nos los había recomendado, y escéptico de su post-metal los juzgué –mentalmente- mal, y es que las etiquetas siempre son horribles. Por fin tendría la suerte de ver a los británicos Architects sobre las tablas. Me los perdí en su última gira nacional, pero me había puesto al día con su –casi- recién estrenado Lost Forever/Lost Together (Epitaph), así que quería ver a Sam Carter y compañía en su más presente actualidad. Sonaron presumiblemente bien para un grupo de sus características, donde frecuentemente falla alguna guitara o el vocalista está para el arrastre, cosa que no les ocurrió a ellos. Para mi goce personal desgranaron prácticamente todo su espacio ahí arriba en tocar el mentado disco con una ejecución muy precisa. A pesar del cansancio que arrastraba, me convencieron.

Haciendo honor a la verdad, y a pesar de la multitud de camisetas visibles de Megadeth, la mayoría del festival no daba un duro por ellos. Bien, yo que los escuché en mi tierna infancia y que iban a tocar en ese momento, decidí comprobar sin prejuicio alguno (sería la primera vez que los vería) por qué tanta aversión. No lamento decir que esa opinión mayoritaria está fundada en argumentos que se sostienen: solos de guitarra aburridos, el carisma de un mondadientes y, sobre todo, una leyenda del thrash metal sin voz y ayudado de efectos horribles al micrófono para cubrir sus faltas como vocalista. Todo ello emborrono un –todo hay que decirlo- sonido salvable y una serie de clásicos (‘Sweating Bullets’, ‘Trust’, ‘A Tout Le Monde’, ‘Symphony Of Destruction’ o ‘Holy Wars… The Punishment Due’) que el amigo iba masacrando cada vez que abría la boca. Una y no más. La oscuridad era la que mandaba y cuando faltaban diez minutos para la una de la madrugada pensábamos que no había mejor ocasión que esa hora para escuchar a los aclamados High On Fire bajo la carpa. Lo que nunca imaginamos que ocurriría fue que alguno de nosotros acabásemos preso de un micro-sueño, inmerso en su sonido profundo y desgarrador. El hecho de no haber prestado atención durante unos segundos a un combo como el suyo no significó que hayan dado un mal concierto, sino que a algunas personas les resulta menos accesible su estilo.

Los encargados de despedir el escenario grande eran los compañeros de escena del grupo de Mustaine; no eran otros que los míticos Kreator. Para algunos estos correcaminos del trash metal alemán sonaron tremendos. Sin embargo, otros los estuvimos contemplando a larga distancia con el fin de reponer energías para lo que iba a ocurrir más tarde en el “escenario del caos”. El descanso dio sus frutos y pudimos disfrutar de Ignite en las inmediaciones de un pit poco pantanoso, gracias a la tregua que nos dieron las nubes durante todo el jueves. Eran casi las tres de la madrugada pero todavía quedábamos muchos supervivientes, los suficientes para crear un ambiente ideal, en parte debido a la complicidad que Zoli mantuvo con nosotros durante todo su show. En cincuenta minutos sonaron sus temas más emblemáticos y en su selección hubo un claro protagonista: su último –y ya muy lejano- álbum de estudio, Our Darkest Days (Abacus Recordings/Century Media). En medio de los recuerdos derivados de cada tema de ese disco dejaron un hueco para compartir el momento que muchos esperábamos, el de corear junto a ellos ‘Live For Better Days’.

Con una sonrisa de oreja a oreja nos despedíamos de la primera jornada. Volvíamos bastante reventados, aunque también hay que decir que el día había venido muy cargado de propuestas interesantes desde las primeras actuaciones de la mañana. Eso, y la emoción de ser el primer día, en el que no dejas reservas cuando te gusta lo que tienes delante.

(Agradecimientos a la organización del festival por la acreditación brindada a este medio).

TextoFrancisco Javier Pérez Díaz-Pintado y María José Rodriguez.

FotosFrancisco Javier Pérez Díaz-Pintado.

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