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Crónica: Resurrection Fest 2014 @ Viveiro, Galicia (02-08-14)

» Publicado el 22 ago por Javier Caulfied

Sin apenas haber descansado, y con un micro-clima de frío/calor-lluvia/sol, amanecimos y nos empezamos a calar con la lluvia desde bien temprano. Hay que confesar que los ánimos estaban un poco mellados en detrimento de las inclemencias del tiempo, que parecía mejorar y empeorar por minutos.

Madrugador por obligación y elección, me fui a ver al bueno de Joey Cape, que nos confesaba que era aún muy temprano para él (¡y para todos!), así que tras un comienzo con ‘Angry Days’ y ‘May 16th’ se insuflaba un buen trago de whiskey para entonar el día con carisma y alegría. Agradeció la presencia de los poquitos que éramos a esas horas, sabido de que muchos habían descansado poco o nada por verle en este formato, y una de las formas de hacerlo fue preguntando al público “¿What do you want me to play?”; se oyó inmediatamente ‘Wind In Your Sail’, y así se sucedió la cosa. Homenajeo a Tommy -último Ramone original, recientemente fallecido- con ‘The Ramones Are Dead’ y antes del cierre con ‘I Must Be Hateful’ dedicó, de nuevo a petición del público, el más sentido y “escondido” homenaje a Tony Sly con una dulcísima cover de ‘International You Day’ de No Use For A Name. See you here in twelve hours with my band” nos decía, ya que cerraría este mismo escenario por la noche con Lagwagon.

Tras el respiro acústico entre tanta metalada/hardcoreteo, tocaban ahí mismo los alemanes Ryker’s en sustitución de Death Before Dishonor. Vi su hardcore punk sentado en el césped mientras el tiempo se decidía entre llover o parar, y el sol, a su vez, achicharraba cogotes por doquier. Parecía que iba a darnos un respiro para disfrutar de otro de los más absolutamente geniales shows del día: Hamlet. Lo decía con SOIA, y lo mantengo con estos madrileños que he visto en infinidad de festivales: llevar tantos años y dejarse los huevos de esa manera en las tablas es de alabar hasta que te duelan las cervicales. Tocaron sólo unos poquitos temas, pero fue increíble ver al grupo, y en especial a J. Molly corriendo de un lado a otro y ganarse al público de esa manera. Mención especial para el wall of death que se marcaron, en el que J. Molly dijo: “es genial, pero falta algo“, e inmediatamente se bajó y zambulló entre el público, uniéndose al mismo en uno de los más brutales que recuerdo.

Muchísimas ganas de pegarme la fiesta con The Real McKenzies, banda que veía por primera vez y que me encantó, ya que ponían la nota gaitera y más cervecera de la mano de estos veteranos canadienses con sus kilts escoceses (y nada de ropa interior debajo, doy fe). Lástima que, tras escuchar ‘Chip’, ‘Culling The Herd’ o ‘I Do What I Want’ y algunas más, tuviera que marcharme para ver en primera línea de fuego a los renovados Gallows. Mucha tinta se ha escrito sobre su actuación en Viveiro del 2010; claro está que la cosa ha cambiado mucho desde entonces, con la deserción de los hermanos Carter y la incorporación del ex-Alexisonfire Wade McNeil a las voces, pero ojo que algo gordo se venía encima. Nada más empezar ‘Last June’, Wade bajó del escenario, cruzó la barrera, incitó al público a rodearle y cantar con él, y dio comienzo uno de las mejores formas que he visto jamás de empezar un show. Tras la segunda canción, ‘Outside Art’, ya la cosa se enfrió más, pues Wade volvió al escenario, donde permaneció casi todo lo restante de concierto para interpretar algunas canciones más nuevas (‘Wristlitters’, ‘Chains’) y algún guiño a su irrecuperable pasado (‘Misery’, ‘In The Belly Of A Shark’ o el cierre con ‘Orchestra Of Wolves’). Era el último concierto de su gira, y se nos “pidió” que les ayudásemos a volver a casa “completamente jodidos“, y creo que lo conseguimos. También era de los que opinaba que deberían haberse cambiado el nombre en su momento pero Gallows, a juzgar por el presente, no están enterrados… ni muchísimo menos.

Continuamos la última jornada con uno de los mayores reclamos de este año: los franceses Gojira, comandados por los hermanos Duplantier y que con su última creación, L’Enfant Sauvage (Roadrunner) han experimentado una evolución y una tendencia creciente hacia una meta que no puede ser otra que la fidelidad de sus seguidores y llegar a otro público quizá menos flexible al sonido extremo. No fue una sorpresa comprobar una vez más el nivel inmejorable del grupo gracias a un directo que bordaron a la perfección. Aún con un solo de batería prescindible, Gojira consiguió meterse en el bolsillo a todos los presentes grabando el nombre de su grupo en la memoria de cada asistente que no los conociera. La constante lluvia me había dejado totalmente chafado, las cosas como son, pero ya que estaba calado hasta el tuétano no iba a estar lamentando nuestra suerte de festival, así que seguí con el plan tal como me lo había montado por la mañana, y me dirigí de nuevo al Main Stage a ver a Five Finger Death Punch. Había curiosidad por ver por qué tanto revuelo últimamente por estos americanos, que hace unos meses abrían la última gira nacional de Avenged Sevenfold. Lo cierto es que, a pesar de que su sonido me resultara algo desfasado hoy día, su heavy-groove-alternative-loquesea metal supuso otro soplo de aire fresco con auténticos temazos como ‘Hard To See’, ‘Coming Down’, ‘Never Enough’, o ‘The Bleeding’. Estoy seguro que, de haber tenido esta colección de canciones a principios del 2000, también habrían sido todo un breakthrough revienta-taquillas por Europa. “It’s only rain” nos decía Ivan Moody, su talentoso vocalista para tratar de animarnos. Como curiosidad, comentar que no he visto nunca a un grupo arrojar tantísimas púas al público como a Five Finger Death Punch.

En su escena se les considera precursores, y se merecen ese reconocimiento cuando son capaces de resolver un directo de manera magistral una vez que han salvado algunos obstáculos técnicos en el Ritual Stage. Pocos logran hacerlo con la elegancia de Obituary y en medio de una lluvia imparable. La tregua del cielo se prolongó hasta el comienzo de la fiesta del último día, los anfitriones del show fueron los noruegos Turbonegro, que se encargaron de amenizar una juerga en la que no faltó de nada: luchas en el barro, canciones de su último disco como ‘I Got A Knife’, ‘You Give Me Worms’ entre otras, y agradecidos hits entre los que se encontraban joyas como ‘Blow Me’, ‘Get It On’ , ‘High On The Crime’ o ‘I Got Erection’, que sirvió de broche de oro.

Se ha comentado seguramente –o se comentará- en todas las crónicas del festival que hablen de ellos, pero no por ello perderá veracidad: Lagwagon tienen el extraño poder de convocar la lluvia en sus actuaciones gallegas. Pero… ¿A quién le importaba a estas alturas? Más aún con todo el festival embarrado y hecho/s una porquería. Era el último headline del festival, y muy esperado por muchos. Salieron a por todas, con el gigante de Chris Flippin gritando “Resurrection Fesssstt!!! a modo de coña y repartiendo estopa en casi veinte clasicazos en una hora exacta de actuación. A pesar del soberano cansancio que yacía en nuestros humildes cuerpos, esta actuación se me pasó volando por lo mucho que disfruté meneando la cabeza al ritmo de tonadas indicutiblemente divertidas como ‘After You My Friend’, ‘Alien8′, ‘Violins’, ‘Island Of Shame’, ‘Give It Back’, ‘Bombs Away’, ‘May 16th’ o la clavada versión de ‘Exit’ de No Use For A Name, en un último homenaje a Tony Sly. Dieron una lección de cómo mantener el tipo tras más de veinte años de trayectoria y, sobre todo, de qué manera se ha de aprovechar el poco tiempo del que disponen para ofrecer lo máximo a sus seguidores. No podemos olvidar mencionar el espectáculo que ofreció la peculiar banda Gigatrón. Sus peculiares versiones y canciones-mofa no sólo entretuvieron a los más fiesteros sino que sirvieron para entrar en calor y soportar la lluvia imparable que no cesó ni siquiera en el momento de decir adiós al recinto.

Triste momento por haber acabado el festival, volvíamos al camping, más arrastrándonos -cual extras de una película mala de zombies- que caminando. Conclusiones podemos sacar muchas, pero el disfrute de ver a tantísimas y tan buenas bandas durante tres jornadas ya no nos lo quitaba nadie. Nos despedíamos un año más de un festival que no para de crecer cada año, teniendo muy en cuenta a su público (que no es poco decir, actualmente), tratando de contentar a todos y tomando unas magnitudes y una decisiones cada vez mayores y mejores. Por supuesto siempre hay cosas que se pueden mejorar, pero de la lluvia y el barro –por ejemplo-, ellos no tuvieron la culpa, y eso fue mayormente la “pega” más indiscutible a nivel general. El próximo año el festival cumple su décimo aniversario y ya se especula mucho con las bandas que podrían formar parte del cartel. Una cosa está clara: algo muy gordo se está maquinando en la mente de los organizadores. ¡Hasta el año que viene!

(Agradecimientos a la organización del festival por la acreditación brindada a este medio).

TextoFrancisco Javier Pérez Díaz-Pintado y María José Rodriguez.

Fotos© Resurrection Fest (Hamlet) y Francisco Javier Pérez Díaz-Pintado (Gallows).

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