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Crónica: Resurrection Fest 2014 @ Viveiro, Galicia (01-08-14)

» Publicado el 22 ago por Javier Caulfied

Segundo día, y presumimos que el más “tranquilo”, atendiendo a la locura de horarios y bandas que queríamos ver a lo largo de los tres días. El tiempo, contra todo pronóstico había acompañado el primer día, e hizo lo propio el segundo (aunque amenazaban nubes y de cuando en cuando o cayeron algunas gotas-), lo que permitió ir correteando de stage a stage a ver un buen puñado de grupos, e incluso tomarnos el día más relajadamente y disfrutar colindantemente de las instalaciones del festival, dar una vuelta por el stand de firmas de discos, puestos de comida o merchandising.

Empecé el día con otros que no se pierden ni una, ya sea tocando en el festival o asistiendo como público: Angelus Apatrida. En pocos años se han convertido en todo un referente patea-culos de thrash metal, que no sólo no envidia nada a propuestas de fuera, sino a más de una las supera. A eso de las cuatro de la tarde se subían con su notable humildad para entregarnos unos poquitos y representativos cortes de sus cuatro discos, como ‘Of Men And Tyrants’, ‘Give ‘Em War’, ‘Vomitive’ o ‘You Are Next’. Si es la primera vez que los veías, seguro que flipaste, y si no, te la gozaste como de costumbre (wall of death incluido). Lástima que nos supiera a tan poquito.

Motivo principal por el cual me movía a Viveiro este año era ver de nuevo a una banda por la cual sentimos auténtico amor en esta web: A Wilhelm Scream. Además, comenzaban tour esa tarde, así que iban a por todas. Rompían moldes con ‘Boat Builders’ y a partir de ahí se sucedía la locura instrumentística con una perfección alucinante a cargo de las guitarras de Trevor y Mike y el bajo omnipresente de Brian, todo ello mientras no paraban de moverse de lado a lado. El cariño a los de Massachusetts no viene sólo por la parte musical, sino sobre todo por lo que te transmite sus caras de felicidad y unión al tocar… y es que se los ve disfrutando cada jodida nota o verso que nos entregan. Adictos a la voz de Nuno y los coros de Trevor, desgranaron lo más trallero de su lista de canciones con ‘The Last Laugh’, ‘The King Is Dead’, ‘Famous Friends & Fashion Drunks’, ‘The Horse’ o ‘The Rip’. No quiero cerrar este episodio sin mentar el gesto más cariñoso de todo el festival, cuando Nuno invitó al escenario a todos los niños allí presentes del Resu Kids (ndr: una solidaria y excelente iniciativa de la organización para los padres que no pudieran dejar a sus peques con nadie durante el festival); tanto los niños, como la banda, como nosotros nos lo pasamos en grande con la sucesión de circle pits que se montaron en su actuación. Mi broche de oro con el tinte hardcore del festival va para ellos, siendo objetivo y subjetivo. Eskerrik asko, Nuno.

Exhaustos de lo que acabábamos de presenciar, a GBH los vimos con mucha más calma y filosofía, sabidos de que aún quedaba mucho día por delante. A la leyenda viva de punk tuvimos la suerte de verlos a finales del año pasado en su paso por la capital, así que ya sabíamos lo que íbamos a encontrar en el Main Stage, y no es otra cosa que uno de los grupos más sonado de la old school británica tocando una ristra de clásicos, con una actitud y poses salidas de finales de los setenta, y a pesar de que Colin Abrahall ya está entrado en años, no mostró ningún signo de estar oxidado. Sin salir de la escena punk y hardcore nos tomamos un merecido respiro para recobrar energías y poder exprimir al máximo el directo de Bane, otros de la vieja escuela y los protagonistas de otro de los mejores directos de esta edición. Su vocalista bajó del escenario en incontables ocasiones poniendo en algún aprieto más de una vez al equipo de seguridad. Convertir un concierto en vivo en uno de sala tiene sus riesgos, pero en este caso, por fortuna, no hubo ningún incidente que lamentar.

Con el subidón y la satisfacción que produce ver un bolo como el anterior nos fuimos a cenar, ya que el siguiente en la lista era nada más y nada menos que Down. Su líder, Phil Anselmo, se encargó de llevar la batuta durante su set y logró, como buen jefe, un buen resultado. Quizá no tan espectacular como el que lograron otras bandas a lo largo del festival, pero si lo suficientemente bueno como para no quejarse. Mientras muchos terminaban de ver en condiciones a Down, otros no se aguantaban las ganas de ver a Raised Fist. Y no se equivocaban, porque los suecos se habían pegado un viaje de 72 horas para llegar al festival, y venían con ganas de reventarlo. Aquellos que los vieron en el 2010 dicen que aquél concierto estuvo mejor, pero yo era la primera vez que los veía y aluciné con la robustez –en todos los sentidos- que tienen; en especial con Alexander Hagman, su vocalista, que hacía saltos imposibles constantemente sobre el escenario, y la mala baba con la que desparramaba las letras de ‘Sound Of The Republic’, ‘Killing It’ o ‘Breaking Me Up’. Muchos los tenían apuntados como must en sus horarios, y con razón.

La fiesta que liaron los suecos dio paso a uno de los bolos que más esperaba: Converge. El combo norteamericano, liderado por Jacob Bannon y que cuenta entre sus filas con uno de los productores más solicitados en la actualidad, el guitarrista Kurt Ballou. Junto a estos dos maestros, Nate Newton al bajo y Ben Koller en la batería completan el cuarteto que, sin pestañear, descargó toda su artillería para tocar como sólo ellos hacen, temas inesperados como ‘Concubine’ de su magnífico Jane Doe (Equal Vision) o el tema que da título a su última obra, ‘All We Love We Leave Behind’. Si por casualidad sufristeis un subidón de adrenalina de principio a fin seguramente fue por haber visto al grupo de Boston.

Teniendo la suerte de haber visto a NOFX más “domados” en el Groezrock de este mismo año, probé mi suerte viéndolos aquí tres meses después, y afortunadamente siguen en esa misma constante: la de hablar menos y tocar mucho más (“less talk, more rock“, que dirían Propagandhi). Aquí no hubo Punk In Drublic (Epitaph) en su totalidad, y faltó más de un temazo, pero tuvimos una veintena de canciones en poco más de una hora, a velocidad trepidante y buen sonido (con excepción del bajo, que se fue al garete en varias ocasiones, llegando a molestar incluso al pasota de Fat Mike)… Y bueno, sí, también hubo varias coñas o perlitas por parte de la banda contra el predominante sonido metalero del festival o cualquier fan del respetable (que irónicamente no respetan en absoluto); en este caso diciendo que el punk es siempre mejor que el metal, o que los pogos en estos últimos son violentos, en contraste con los que hay en el punk, que son mucho más divertidos. Hicieron popurrí de casi todos sus discos, y entre clásicos habituales (‘Dinosaurs Will Die’, ‘Leave It Alone’, ‘Bob’, ‘Linoleum’ o ‘Stickin’ In My Eye’) pudimos escuchar algunas más rarunas que no suelen caer en su set, como fueron sus covers de ‘Radio’ (Rancid) o ‘The Shortest Pier’ (Tony Sly) -en otro homenaje más a su amigo caído de No Use For A Name- o ‘Bottles To The Ground’ antes del final con ‘Kill All The White Man’, u otras más modernas (‘60%’, ’72 Hookers’ o ‘We Called It America’). Siempre he sido muy fan de NOFX, y siempre han tenido esa fama más que ganada de apestar en directo por las chapas que dan entre tema y tema, pero últimamente me están dejando cautivado. Ojalá sigan así para disfrute de todos, pues su esencia no la pierden ya ni queriendo con ese triplete Fat Mike-Eric Melvin-El Hefe y sus constantes payasadas.

Después de echar unos cuantos bailes con Fat Mike y sus amigos “me fui a misa”, pero no en la que entonaran el Ave María de Bach sino a la que estuvo presidida por Watain. En ella sólo se pudo escuchar su repertorio de black metal en medio de llamas que se ascendían desde el suelo y que exaltaban su puesta en escena. Más de uno protestó por el olor de las vísceras de animales que colgaban de los lados. Lo que es innegable es que esta gente sabe montarla pero bien. Ya muy machacados y con los pies doloridos de tanto bote y paseo, me relegaba al lado izquierdo del Main Stage para ver a los neoyorkinos Sick Of It All, que cerrarían nuestra programación. Del hecho de que sean el “germen” de la creación de este festival hace ya nueve años mucho se ha hablado, así que me centraré sencillamente en quitarme el sombrero con los hermanos Koller y compañía. Con Lou porque no sólo no pierde ni un ápice de agresividad en la voz, sino que cada vez suena con más mala hostia, y con Peter porque clava cada nota mientras no para de corretear de lado a lado del escenario o pegar veinte saltos por cada tema de dos minutos que ejecutaban (y cayó una veintena, como hicieran rato antes NOFX, cuyo fatty líder estaba viendo el concierto a un lado del escenario). Poco más se puede añadir con respecto a su tercera actuación en este festival, más allá de que fue otra de las mejorcitas, que publicaran nuevo disco en breve y que están en un estado de forma envidiable. Por algo son uno de los mayores –sino el más grande- estandartes de la escena hardcore de todos los tiempos.

De los tributos encargados de clausurar el segundo día, los claros vencedores fueron Display Of Power (ndr: tributo a Pantera), que batieron de lleno a Guerrilla (ndr: tributo a Rage Against The Machine); les ganaron en potencia, actitud y sobre todo lograron que el público agotara sus últimos cartuchos mosheando en medio del pit los clásicos de Pantera.

Ahora sí, tocaba volver al camping para intentar descansar un poco, porque el día siguiente sería tan ruidoso como el primero, puede que incluso el más duro de todos. Lo que estaba claro, es que iba a ser movido, y seguramente el más recordado de todos por la lluvia y el barrizal del recinto de conciertos, que harían de anfitriones de la última jornada.

(Agradecimientos a la organización del festival por la acreditación brindada a este medio).

TextoFrancisco Javier Pérez Díaz-Pintado y María José Rodriguez.

Fotos: © Resurrection Fest (Raised Fist y Sick Of It All) y Francisco Javier Pérez Díaz-Pintado (A Wilhelm Scream).

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