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Crónica: Groezrock 2015 @ Meerhout, Bélgica (02-05-2015)

» Publicado el 02 jun por Jorge

Tras una gran primera jornada, donde pudimos ver muchos y muy buenos conciertos, se nos presentaba un segundo día igual de interesante sobre el papel y, como luego leeréis, igual de divertido, pues la mayor parte de las bandas que vimos cumplieron de sobras su cometido. ¿Y de que disfrutamos? Veamos.

El año pasado descubrimos muchas bandas que, con su disco debut nos alegraban los días al escuchar su primer tema. Una de ellas fue The Interrupters que, tras su paso por Reino Unido llegaba a Bélgica para abrir la programación del escenario Impericon, algo excepcional ya que se trataba del lugar de concentración de seguidores del hardcore y metal. Su menú de punk-rock, aderezado de notas ska y cargado de pensamiento reflexivo nos hizo botar sin parar hasta que la sed se apoderaba de nosotros. Conquistaron el territorio y a las almas madrugadoras que dieron todo y más en las canciones con las que debutaban exitosos frente a una mayoría europea (‘White Noise’, ‘Family’, ‘Take Back The Power’ entre otras). Gracias al buen ojo de los organizadores pudimos ser testigos de la fiesta que montan y de que la suerte que han tenido, la de estar apadrinados por un astro como Tim Armstrong, nos les quita el mérito de meterse en el bolsillo a todos los que asistimos a su bolo de esta edición del Groezrock.

De la fiesta a ritmo de ska de los californianos The Interrupters pasamos a la fiesta a ritmo de celtic punk de los canadienses The Real McKenzies. Si bien actualmente la banda que lidera el movimiento son los bostonianos Dropkick Murphys, nunca nos debemos olvidar de los vecinos del norte, considerados como uno de los fundadores del genero, allá por 1992. 23 años en la música que han transformado mucho a la banda, llegando a pasar más de 100 músicos por ella, o eso dice Paul McKenzie, su frontman y creador. Aun así su esencia no se ha perdido y, a diferencia de otros compañeros de estilo, siguen como en sus inicios abrazando la independencia y sonando más punks que ellos, pues, aunque lo suyo es mezclar el genero con sonidos procedentes de la tradición escocesa (incluido llevar algunos de sus componentes kilts, la conocida falda del país del norte de Gran Bretaña), lo que sigue predominando tantos tiempo después, como se puede comprobar en Rats In The Burlap (Fat Wreck), su último disco, el cual presentaron en el Groezrock, es su faceta más gamberra, esa que mantiene a raya sus raíces. Debido a ello sus temas son más rápidos, más cazalleros que cerveceros y no directos a las listas de éxitos. Diferencias que los hacen especiales y que, por mucho que pase, reformen su lineup y canas le salgan a Paul, no cambiarán, pues eso significará que no son ellos. Ante todo ser true es lo que importa, o al menos eso es lo que piensan ellos. Y nosotros tan contentos.

¿Que lleva a una banda a tocar en un festival? Normalmente porque se encuentra enfrascada en la promoción de un nuevo disco o porque tienen alguna efeméride que celebrar, ya sea x años de la publicación de un disco o de su creación. En el caso de los estadounidenses Off With Their Heads ni una cosa ni la otra, pues hace dos años de la salida de Home (Epitaph), su último álbum hasta la fecha, uno de los tres que han publicado en más de 10 años de carrera. Así que simplemente decidieron hacérnoslo pasar bien a los que nos acercamos al mediodía a verles tocar, pues al final somos nosotros los que permitimos que grupos como el suyo puedan girar por Europa con éxito y, lo que es más importante, sin perder en el intento. Por ello, y porque lo suyo es punk sin aditivos ni sub-etiquetas, fueron muy al grano (lo único con lo que decoraron su show fue la pancarta de detrás de rigor), dejando a un lado comentarios que solo acortaban el set que tenían programado y en los 40 minutos que tuvieron predominaron los temas del su ya mencionado último álbum hasta la fecha, considerado por muchos como su mejor obra, o al menos si la más conocida, de ahí que fuese de la que más temas tocaron (‘Star Walking’, ‘Seek Advice Elsewhere’ o ‘Nightlife’, entre otras). Básico pero efectivo y molón, que es lo que importa y cuenta al final.

Con Direct Hit! nos llevamos el sorpresón del festival. Nos acercamos a su concierto por recomendación de un amigo habiéndolos escuchado poco y nos encontramos con posiblemente uno de los bolos más divertidos del festival. Su pop-punk frenético con voces desgarradas y que hizo que su escasa media hora se nos fuera volando. Por cosas como estas merece la pena un festival como el Groezrock, a las 14:30 en un escenario sin foso descubres un verdadero grupazo. Lo seguiremos muy, pero muy de cerca y ojalá los veamos por aquí pronto.

¿Por qué correr y acercarse, aunque fuese solo un rato, a ver a los valencianos Kill The President!, sobre todo cuando Direct Hit! actuaban a la vez? Porque para una banda pequeña sentirse como en casa, arropado y con “locos” cantando y moviéndose con sus temas, es una bendición, un golpe de efecto que no hace sino subirles la moral y que se engorilen aun más de lo que pudieran estar. Lo sorprendente, como ya se pudo ver en otras actuaciones del escenario pequeño, el que patrocinaban Macbeth/Blackstar, era que había gente que prefería verles a ellos que a otros más conocidos que estuvieran tocando en ese momento en otro escenario. Es verdad que los valencianos no fueron los que más público atrajeron hasta este escenario, pero, aun así, la cantidad de gente que vimos por allí, algunos de ellos españoles, no fue para nada desdeñable. Tanto que suponemos, como vimos en sus caras, que se llevaron para la saca un buen recuerdo de su actuación y, ya en casa, habrán corrido a ponerse algunos de los temas que tocaron esa tarde en Bélgica: ‘Kids Liberty’, ‘Fight’em All’ o ‘Hating You Is Part Of My Business’, entre otros pocos. Lástima que en España no se les conozca más, pues mancos no son, precisamente. Cuando acabaron, tal y como vinimos nos volvimos a dividir entre Turnstile y Teenage Bottlerocket.

Tras 5 discos notables, algunos más que otros, Teenage Bottlerocket, la banda nacida en Laramie, Wyoming (Estados Unidos), nos traía hace unas cuantas semanas Tales From Wyoming (Rise Records), su nuevo álbum. En el disco, producido entre Bill Stevenson y Jason Livermore, han sabido capturar, como bien demuestra ‘They Call Me Steve’, su tema bandera, la mejor esencia de su punk rock sencillote pero no por ello punk-pop o punk ramoniano (por mucho que casi al final del set versionasen ‘Blitzkrieg Bop’, uno de las canciones más icónicas de los Ramones). Pero esta no fue la única que cayó de su último disco, pues hubo espacio para unas cuantas más (por algo eran lo que venían a presentar): ‘I Found The One’, ‘Nothing Else Matters (When I’m With You)’, ‘Bullshit’, ‘I Wanna Die’ y ‘TV Set’. El resto, hasta las trece que tocaron en los 40 minutos que tenían encima del escenario, fue un poco de todo (‘Skate Or Die’, con la que abrieron, o ‘Headbanger’, por ejemplo). A día de hoy, unas pocas semanas después, el que escribe se sigue preguntando porque no les vio en concierto en España la última vez que vinieron. ¿Volverán? Esperamos que si, así algunos nos podremos quitar esa espinita, por mucho que ya les hayamos visto en festival.

De ahí nos trasladamos al escenario contiguo, el Back To Basics para ver a Turnstile, banda con apenas 5 años de trayectoria que últimamente está dando mucho que hablar. Los de Baltimore tenían una carpa hasta arriba (laterales del escenario incluidos) de gente expectante y supieron estar a la altura. Hardcore punk rápido y sin cuartel que dio lugar a miles de stage dives desde el minuto 0, tanto que era casi imposible diferenciar a los miembros de la banda en el escenario (y cuando se les conseguía ver se apreciaba cómo tenían que hacer malabarismos con sus instrumentos para no chocar con nadie). Muy buen concierto que acabó igual que el de Trash Talk del día anterior, es decir, con invasión de escenario. Esperemos que la próxima vez que bajen por la península ibérica no pasen solo por Portugal y nos hagan una visita, que ya hay ganas de disfrutar por aquí de Nonstop Feeling (Reaper Records), su obra de debut.

Como cada año, optamos por darnos un respiro y salir de la onda punk y hardcore para catar el plato rockero del cartel. Turbowolf fueron los encargados de transformar un campo de batalla como es el del Impericon Stage en una pista de baile gracias a la psicodelia, su espíritu setentero y al público de las primeras filas que se tomó el papel del bailoteo muy en serio, pero sobre todo a los temas de Two Hands (SpineFarm/Search and Destroy), su nuevo disco, el cual presentaron en el festival belga. Quizás su nueva obra no sea tan notable como su homónimo debut, pero aun así no desmerece en ningún momento, como bien demostraron. Sin duda fueron la mejor forma para airearse a esas horas de la tarde.

Llegaba el turno de The Early November, uno de los grupos menos duros, musicalmente hablando, del festival y que más extrañaba ver en el cartel. Eso se pudo palpar en la asistencia, ya que la carpa del escenario Revenge apenas estaba a la mitad de su capacidad, aunque si lo miramos por el lado bueno, nos dio la oportunidad de disfrutar mucho más íntimamente del repaso a sus más de diez años de carrera. La gran voz de “Ace” Enders, el buen sonido del conjunto e incluso un chaval que se animó a subir y cantar en varios temas hicieron que fuera un rato más que entretenido. Si a eso le sumamos que era el concierto perfecto para las cuatro de la tarde nos saldrá el gran recuerdo que guardamos de ellos.

Otros que venían con un gira especial eran los míticos Frenzal Rhomb. Los australianos, que desde 2011, cuando publicaron Smoko At The Pet Food Factory (Shock Records/Fat Wreck), su último disco, poco han hecho (en 2013 tuvieron que cancelar una gira por enfermedad grave de Jay Whaley, su cantante), de ahí que fuesen una de esas bandas que no nos podías perder. Porque, ¿cuando les íbamos a poder otra vez? Posiblemente nunca (aunque no se sabe). Por todo ello parte de la redacción se quedó en el Monster Energy tras acabar el concierto de Teenage Bottlerocket. Y bien que hicimos porque gracias a ello pudimos disfrutar de uno de los conciertos más divertidos de los dos días. No decimos eso porque hiciesen mucho el gamberro, pues a ellos, como saben todos los que les conocen, no les hace falta, ya que con sus canciones les basta. Y vaya que si nos bastó, pues hasta 20 canciones (mini versión de ‘Easy Lover’ de Phill Collins para empezar incluida) incluyeron en su set, uno de los más largos en la sección de timing corto (45 minutos), la mayor parte de ellas, como si de una gira de presentación se tratase, de su último álbum (‘5000 Cigarettes’, ‘Bird Attack’, ‘Hungry Jacks Carpark’, ‘Mummy Doesn’t Know You’re A Nazi’ y ‘When My Baby Smiles At Me I Go To Rehab’). El resto, una mezcolanza de sus discos anteriores, como ‘Never Had So Much Fun’ y ‘Punch In The Face’, con las que cerraron, o ‘Bucket Bong’.

Un ejemplo de lo que fue y pudo haber sido es lo que vivimos en la actuación de The Loved Ones, los siguientes en el escenario grande. Hace semanas que los vimos y seguimos maldiciendo su separación y razones nos sobran al haber comprobado in situ cómo son en directo. Dave Hause y sus tres compañeros aparecieron abrazados como si fueran amigos de la infancia, una estampa entrañable y perfecta para arrancar con el show. La nostalgia lidió en todo momento con la impotencia de tener que asumir que nunca más volveríamos a escuchar en vivo la versión original de delicias como ‘Pretty Good Year’ o ‘The Bridge'; así que, debíamos absorber toda la energía que desprendía el combo y reservarla para combatir la morriña de los días posteriores. Con ‘Lousiana’ y el stage dive de Hause se lío una tan buena delante del escenario Monster que algunos incluso corrimos a la carpa del merch en busca de algún souvenir de su paso histórico por el festival. Fue sin duda, uno de nuestros conciertos favoritos del Groezrock y si nos apuráis de este año. Puede que quizás nos pasemos (a veces nos puede nuestro modo fan), pero el ser tan especial (difícilmente, al menos de momento, volver a verlos en directo) no podemos más que alabar lo que vimos.

Comenzábamos lo que llamamos “el día de Suecia” en el Groezrock (Raised Fist, Millencolin y Refused) con Raised Fist en el escenario Impericon. Les hemos visto varias veces (en Madrid hace unos meses y el año pasado en el Resurrection Fest) y hay que decir que sin duda esta ha sido la más bestia de ellas. Parece ser que su nuevo disco From The North (Epitaph), el primero en seis años, les ha dado una motivación extra, y eso se vio reflejado en Meerhout. Con su energía y saltos característicos multiplicados por diez, la banda capitaneada por Alexander Hagman arrasó el escenario desde el atronador comienzo con ‘Sound Of The Republic’, pasando por temas nuevos como ‘Flow’ o himnos como ‘Friends And Traitors’, dejando hueco también para algún tema de sus dos primeros discos. Si hay que poner una pega al concierto sería el sonido, que fue mejorable. Eso sí, con el enorme espectáculo que dieron sobre el escenario fuimos capaces de olvidarnos de ello y motivarnos nosotros también. Chapó por ellos.

Cambiando de nuevo de escenario nos volvimos al grande para ver uno de las mejores regresos en los últimos años, digan lo que digan algunos. Cuando hace tres años Good Riddance decidieron retornar, tras un lustro desaparecidos, solo pensaban en girar por medio mundo (España incluida). Una idea que cambió hace unos cuantos meses cuando anunciaron que entrarían de nuevo a un estudio, sesiones de las que salió Peace In Our Time (Fat Wreck), un regreso no solo digno, sino a la altura de su aura mítica. Un halo con el que vinieron al festival belga y del que hicieron buena gala, pues, a diferencia de sus anteriores conciertos por Europa, esta vez tenían ganas de liarla parda y, en continuación de lo oído en su nuevo disco, metieron zapatilla desde el primer segundo de ’30 Day Wonder’, con la que comenzaron. Lo que vino después fue una sucesión de tema tras tema (en menos de una hora de concierto tocaron hasta 19 canciones, de los cuales solo cuatro -‘Disputatio’, ‘Dry Season’, ‘Half Measures’ y ‘Running On Fumes’- venían de su nueva obra), mientras la gente de las primeras filas, a las que nos unimos, no paró ni un momento de poguear. Visto lo visto, con tanta gente encendida, no parecía que fuesen una de las grandes bandas de la segunda linea del hardcore melódico noventero (nunca llegaron al nivel de popularidad de NOFX, Bad Religion, Pennywise, Lagwagon o No Use For A Name) ni que muchos prefieran a Only Crime, la otra banda de Russ Rankin, su vocalista, sino una de las grandes. Al menos eso nos pareció su concierto, que fue nada más acabó directo al top del festival.

Aunque nos dolió, parte de la redacción tuvo que cortar 15 minutos antes de que acabase el concierto de Good Riddance para acercarse a ver en una de las carpas a Such Gold. ¿Por qué apostamos por una banda relativamente joven -nacieron en el 2009-, tiempo en el que solo han publicado dos discos? Porque desde que lanzaron hace tres años Misadventures (Razor & Tie), nos enamoramos de ellos. La culpa de ello la tienen temas hiperadictivos de la talla de ‘Two Year Plan’, con la que abrían su disco de debut, y que, como no, también estuvo presente en su set de aquella tarde. La gente supo responder a su llamamiento y, aunque todavía no habían acabado los norteamericanos, se acercaron hasta allí para disfrutar de su versión más actual, moderna y, sobre todo, juvenil del hardcore melódico de toda la vida. Aunque quizás a los más puretas les parezcan demasiado descafeinados (muestra de ello fue que contaron con la colaboración de Joe Boynton de Transit, sus compañeros de gira, en la final ‘Sycamore’), a nosotros, que nos van muchas cosas diferentes y, más si cabe, si son adictivas, nos encantaron. Pocas pegas le podemos poner a lo que allí vimos, pues nuestro modo más fan nos pudo y nos hizo verlo todo de “color de rosa”. Aunque si nos ponemos más serios poco distaría nuestra opinión sobre su concierto.

Algo parecido nos pasaba con Bane, una de nuestras debilidades (a todos en la redacción, en mayor o menor medida, nos gustan) y, por ende, una de las razones de ir para Belgica, ya que, si sus palabras no les traicionan, antes que nos demos cuentas se habrán disuelto. Debido a ello todos y cada uno de los conciertos que les quedan (o eso parece) tendrían que ser espectaculares, dejándose la piel y mordiendo el polvo de mano de sus seguidores, esos que, como vimos, aun empezando ya a caer el sol y con más de medio día cumplido, no cesaron ni un momento de salir por los aires, de dejarse llevar en volandas y de poguear como si fuera el primer concierto de la jornada. Quizás su set no fue todo lo perfecto que el más fan podría pedir (siempre faltan temas), pero lo disfrutamos como la primera vez que les vimos, allá en el Resurrection Fest 2014. Aunque no nos pareció tan apoteósico (nos faltó algo más de cercanía de la banda), pues en el festival gallego convirtieron su concierto en lo que aquí debería haber sido, porque, por mucho que el publico ponga de su parte, si las bandas no dan el 100% o hacen lo posible para darlo es imposible que la nota sobrepase el 7. Una lastima.

Salimos corriendo desde el concierto de Bane para ver el final de Satanic Surfers y nos pasó algo parecido a lo de la noche anterior con Defeater: priorizamos otros grupos sabiendo que a estos los veríamos en Viveiro y nos los tomamos como un pequeño adelanto. Y si con Defeater salimos encantados, con Satanic Surfers salimos totalmente alucinados. Tras verle el año pasado con Atlas Losing Grip, pudimos darnos cuenta de que Rodrigo estaba en plena forma, pero lo que no esperábamos es que tras ocho años de separación, la banda sonara tan estupendamente bien en directo. Fue solo un cuarto de hora el que pudimos disfrutar de ellos, pero ese cuarto de hora fue puro placer. Ya nos volveremos locos con ellos en el Resu.

La parte que más dolía del bocadillo que se formó al final de la tarde en el Groezrock fue que no solo no podías ver a Bane, Satanic Surfers y OFF! al completo, sino que alguno te tendrías que perder si querías disfrutar de algo en condiciones. Lo bueno es que aquí eramos varios disfrutando de lo que el festival belga nos ofrecía, y, lo que es más importante, con gustos variados, de ahí que podamos decir sin tapujos que OFF! dieron el señor concierto remember junto a Good Riddance. Incluso diríamos que más si cabe, pues es muy complicado rozar la jubilación con tanta dignidad, buen hacer y, sobre todo, sin chochear como le pasa a Keith Morris, uno de los grandes del punk internacional, aunque muchos ni le valoren como se merece. Algo que consiguió arreglar con su directo, una clara muestra de como se debe llegar a viejo dentro de este tipo de sonidos, claramente ochenteros (¿quien no piensa en bandas como Circle Jerks, Bad Brains o Black Flag a escuchar a la nueva escuadra de Keith?) y marcadamente duros (this is hardcore punk, chavales). Pero, sobre todo, dio una lección de señorío, tomándose su tiempo para enfrentarse a su set, compuesto por una mezcolanza de sus tres discos, mientras que nos dejaba alguna que otra perla (como cuando se quejó de que los “pipas” mandaran de vuelta a la zona del público a dos chicos que subieron al escenario y que duraron demasiado en él debido a que no sonaba nada en ese momento para poder hacer stage diving). Podríamos decir que tocaron esta u esta otra, pero creemos de recibo (todos los que allí estuvieron saben porque lo decimos y hacemos) valorar más otros aspectos, porque pocas veces, como ya pasó en el 2014 con Milo y sus Descendents, se tiene a escasas filas a uno de los mitos vivientes de uno de los sonidos que más te han marcado dándolo todo y demostrando que se puede llegar envejecer bien (el espíritu juvenil puede permanecer para siempre, por mucho que tu fisico ya no sea el de antes y de que tu cabeza empiece a clarear, si no lo ha hecho ya)

Con Comeback Kid lo que nos pasa es que nos gustan mucho, son una debilidad. Las cosas como son. Partiendo de eso sabíamos que fuera como fuera el concierto nos lo pasaríamos bien y básicamente fue eso lo que pasó. Los de Canadá siempre han dicho por activa y por pasiva que el Groez es su festival favorito y eso se notó, pero por desgracia para mal. Salieron a pasárselo bien y descuidaron un poco su actuación, con Andrew ahogándose frecuentemente, apoyándose demasiado en el público y con algunos momentos de descoordinación en ciertas entradas. Eso sí, la gente estaba con ellos al 100% y es que ¿quién puede resistirse a corear como un loco clásicos como ‘False Idols Fall’, ‘Broadcasting’ o ‘Wake The Dead’? Nosotros definitivamente no. Lo dicho, un concierto que a pesar de ser bastante flojo para lo que suelen ofrecer ellos, hizo las delicias del fan que llevamos dentro.

Tras enfrentarnos al torbellino que azotó la carpa Back to Basics por culpa de Keith Morris y sus queridos OFF! y la carpa Impericon por Andrew Neufeld y sus siempre efectivos Comeback Kid, nos dejamos arrastrar por inercia hasta el evento que prometía ser el fiestón de esta edición sin duda: Mighty Mighty Bosstones. El combo orquestal junto a su manager al frente, nos animaron a sacar fuerzas para seguir a ritmo frenético sus coreografías y gozar así de uno de los momentos más divertidos que podríamos vivir en un festival, su lugar como cabezas del segundo día junto a Refused lo tenían más que merecido. Y más tras dejarnos los pies bailando todas y cada una de las 16 canciones que incluyeron en su set, tal y como harían en un concierto normal, bastante repartido, por otra parte, ya que, aunque hubo algunos discos de los que tocaron algunas más, supieron extraer un poco de todo, como tiene que ser. Si nunca les viste y era la primera vez te FASTIDIARÁ (si, en letras mayúsculas) que no se prodiguen tanto en directo. Y si, por el contrario, no fuiste al festival o preferiste hacer en ese momento otra cosa, ya puedes empezar a darte de cabezazos contra la pared, un must así no se debe dejar escapar jamás.

Acercándose el cierre ya del festival, nos tocó sacrificar a Millencolin para ver a Make Do And Mend en el escenario Revenge. Los que nos conocen saben que eran uno de los grupos que más ganas teníamos de ver, pero el chasco de acogida que fue su Everything You Ever Loved (2012), desapareciendo entre las sombras, hizo que temiéramos que no volvieran, tal y como les pasó a Polar Bear Club. Para nuestra sorpresa anunciaron que tenían un nuevo álbum grabado y que saldría en febrero de este año, titulado Don’t Be Long (Stay Close/Rise Records) y que la corta gira de presentación (apenas 10 fechas para cubrir Europa y Reino Unido) pasaría por Meerhout, así que marcamos ese día con subrayados en el calendario y nos dispusimos a pasar tres cuartos de hora maravillosos. Los de Connecticut subieron al escenario con la cercanía de un asistente más y el buen hacer de un grupo tan rodado como ellos. Eso y el hecho de que todos los que estaban presentes (que no eran pocos, destacable que la carpa estuviera tan llena aún coincidiendo con Millencolin) eran personas que no pasaban por allí, sino que iban deliberadamente a verlos hizo que su concierto fuera mágico. Comenzaron con el single que da título a su último álbum para dar paso a una retahíla de himnos como ‘Oak Square’, ‘Thanks’ o ‘Disassemble’, dejando hueco para un amplio repaso a su último disco, que ocupó la mitad de su setlist. Corazón e interpretación a partes iguales que hicieron que tanto el público como ellos tengamos cincuenta minutos que recordar todas nuestras vidas. Pusieron el broche de oro a su actuación una apoteósica ‘Unkowingly Strong’ que nos dejó muy felices, pero inevitablemente con ganas de más. Esperemos que alguien se decida a traerlos, que tras lo hablado con ellos, nos dimos cuenta de que están muy por la labor (de hecho fueron ellos los que nos recordaban que hubieron contactos pasados que por desgracia quedaron en nada). Así que esperemos que vengan, aunque si no lo hacen, tras lo visto en el Groez, nos tememos que no nos importará pegarnos algún que otro viaje para verlos.

Y para cerrar tocaba cerrar con la atracción sueca por excelencia, o al menos eso pensaba el festival belga que eran Refused. ¿Lo eran de verdad? La expectación formada alrededor de la noticia de su regreso discográfico -medios en los que jamás pensarías que hablarían de ellos se hicieron eco- con Freedom (Burning Heart/Epitaph), su primer álbum en más de 20 años, lo dejaba claro; y más aun que la maquinaria promocional les llevase a crear una camiseta exclusiva de su paso por allí, tres años después de la última. Quizás eso les pesó en demasía pues intentaron no ser lo que vimos en su primera gira por salas españolas desde incumplir eso de “Refused are fucking dead“, abandonando, a pesar de tener todo de cara, su aura de estrellas del firmamento rockero y con ello matando egos inútiles que no hacían más que romper la magia de una vuelta por todo lo alto. Pero por mucho que lucharon contra ello, escenografía escueta incluida, no consiguieron ser todo lo redondos que nos esperábamos. Es verdad que el set que tenían, algo escaso (solo 15 canciones para ser los que cerraban todo el asunto), todo sea dicho, propiciaba bastante que la locura fuera masiva (solo tocaron tres nuevas -las ya conocidas ‘Elektra’ y ‘Françafrique’ y ‘Dawkins Christ’, muy llamativa-). Y así fue en muchos momentos, pero no en toda la hora y cuarto que estuvieron encima del escenario, pues acabaron aburriendo a los más cansados y con ganas de marcharse por donde vinieron (ya fuera hacia su pueblo, su tienda de campaña o la carpa del camping para gastar sus fuerzas de una vez por todas), algo que nunca debería pasar con los encargados de poner punto y final a una jornada (o a un festival). Sobre todo quedándonos en el recuerdo el concierto de The Offspring en la edición del 2014, con el cual fue inevitable comparar. Que diferencia.

Texto: Jorge Garrido Yuste, María José Rodriguez Carlos Fdez. Romo

FotosJavier Caulfield

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