DESTACADOS
Crónicas

Crónica: Groezrock 2015 @ Meerhout, Bélgica (01-05-2015)

» Publicado el 23 may por Jorge

Un año más volvimos al Groezrock, y ya van tres (2013 y 2014 -1 y 2-). Como ya hiciéramos en 2014, hemos decidido dividir la crónica en dos días para que os sea más fácil a vosotros leerla, ya que, como es costumbre por aquí, no hemos limitado la extensión para así poder contar lo mejor posible cada uno de los conciertos. Además, por si alguien se pierde, avisamos que va por orden horario, es decir, del primer grupo al último, y no por escenarios.

Si en el 2014 la organización del festival belga decidió empezar con Astpai, una de las “promesas” de la escena punk europea, en el 2015 prefirieron pegar un salto hasta California y programar para abrir fuego a Joyce Manor. Los poco duchos en su propuesta podrían decir que al ser de Epitaph y aparecer en medios no tan enfocados al punk y el hardcore su hora no era esa, tan tempranera; pero, una vez comenzaron, todas las dudas se disiparon, pues su versión más pop del punk (sin llegar a ser punk-pop) y tranquila, o al menos esa es la sensación que dieron al basar parte de su set en temas de Never Hungover Again (Epitaph), su último disco, era ideal para esa tarea, que no era otra que entrar en materia y empezar a calentar el helado ambiente belga, pues aun el sol no daba en todo su esplendor. Aun así, y a pesar de no ser todo lo divertidos que son en disco (nos falto que se acordasen de Of All Things I Will Soon Grow Tired, su disco más reconocible), nos acabaron ganando cuando, casi al final de su set, decidieron versionar ‘You Gave Your Love To Me Softly’, cara b de Pinkerton (DGC), el disco más “oscuro” de Weezer. Si hubieran querido habrían sido redondos, pero no quisieron y se quedaron por el camino. Quizás en sala con más tiempo para tocar sean más interesantes. Habrá que probar, porque, visto lo visto, es bastante probable que alguien apueste por ellos, sobre todo viendo el gusto de algunas promotoras patrias. Otra cosa es que ellos quieran venir.

Ganas eran pocas las que teníamos de disfrutar el que sería el último concierto de The Swellers, no solo ya en territorio europeo, sino en todo el mundo, pues según anunciaron, su punto y final lo iban a poner en el Groezrock. Quizás a algunos les pueda parecer extraño, pero quien ha vivido el festival belga desde dentro sabe que hoy en día es una meca (por no decir la meca) dentro de la escena punk/hardcore internacional, aquel lugar donde al menos una vez en tu vida debes tocar si quieres considerarte alguien, de ahí que escogieran el mismo para decirnos adiós de forma definitiva. La pega es que, salvo que hiciesen el bolo de su vida, todo nos sabría a poco y lo criticaríamos. Y así fue, ya que, aunque le pusieron todas las intenciones del mundo y nos divirtieron como pocos (somos muy fans suyos, así que somos poco objetivos), el hecho de que solo decidiesen incluir cinco temas de sus dos últimos álbumes (‘Got Social’, ‘Should’, ‘Inside My Head’, ‘Runaways’ y ‘The Best I Ever Had’), siendo estos los más alabados en general (no solo ya por nosotros), nos dejó bastante fríos. Es verdad que, siendo sinceros, al ser el bolo con el que cerraban su carrera musical (al menos por ahora, pues nunca se sabe si en el futuro volverán) y no teniendo mucho tiempo (poco menos de 40 minutos) debían tocar todos los palos y no olvidarse de nada, pero aun así, nos supo a poco (¿otro horario con más minutaje quizás?). Nunca sabremos si fue cosa suya o de la organización despedirse a esas horas tan intempestivas, pero fuera lo que fuese, siempre se nos quedará en la mente como lo que pudo ser y no fue.

Este año nuestro escenario favorito, el antes conocido como Etnies, debido al patrocinio de la marca de zapatillas, se dividía en dos: Back To Basics y The Revente Stage, por lo que nuestra diversión se multiplicaría por dos, siempre y cuando no hiciera que nos perdiésemos a otros que estuviesen en uno de los escenarios principales. Así que no podíamos más que salir escopeteados una vez acabaron los de Flint, Michigan (Estados Unidos), para poder disfrutar como si fuese en una sala, aunque casi al aire libre y con mucho polvo en el ambiente, de Gnarwolves, la sensación de los últimos meses, esa banda que ya da que hablar en las charlas de aficionados de toda Europa, no solo en su Inglaterra natal, como bien pudimos comprobar con un sold out (si es que se puede usar esa frase dentro de festivales) en toda regla. Tanta gente había que nos costó llegar a primeras filas para disfrutar de una buena posición pues, desde que les conocimos, no hemos dudado en apoyarles y, lo que más nos gusta, daros la tabarra con ellos. Lo bueno es que, si bien venían a presentar su primer disco, llamado como ellos, él cual ocupó medio setlist (‘Smoking Kills’ y ‘Everything You Think You Know’, con las que empezaron, o ‘Flow’, entre otras), no se olvidaron de sus primeras referencias, esas que englobaron en el genial recopilatorio Chronicles Of Gnarnia (Beach Community/Pure Noise Records), porque al final, quieran o no, gracias a ellas consiguieron atraer a gente de lugares tan distintos y distantes. Y es que claro, su estilo, más cercano al punk de los 90, ese que tenía en el skate un gran aliado, como bien demostraron, es de disfrutar en directo, porque, por mucho que ‘Party Jams’, ‘Melody Has Big Plans’ o ‘Community, Stability, Identity’, por decir algunas, te engorilen en casa, nunca es lo mismo sentirlo junto a más de 200 personas, todas esas que abarrotaron a primera hora de la mañana la carpa como si fuesen el nuevo grupo de moda, no parando en ningún momento de moverse, ya fuera hacía el escenario para hacer stage diving, como alrededor suyo, pogueando como si no hubiese un mañana. Aunque claro, seguro que para ellos, como para nosotros, hace tiempo que dejaron de ser the next big thing para convertirse en una realidad. Ojalá eso no haga que sus pretensiones a la hora de ser programados sean muy altas y les podamos ver repartiendo zapatilla por España, pues si son la mitad de buenos que en el Groezrock seguro que se aúpan como uno de los conciertos del año en nuestro país. Al menos para nosotros así sentimos que fue el que dieron en el festival belga.

Y sin tiempo para digerir lo visto en el The Revenge nos fuimos corriendo, que fue la tónica habitual en algunos momentos del festival, al escenario grande para ver a los siempre interesantes, a la par de irreverentes Masked Intruder. Quien no les ha visto en directo, como es el caso del que escribe esta parte, se lleva una grata sorpresa, pues más allá de su propuesta música, a veces algo repetitiva, debido a que a estas alturas dentro del punk-rock de corte ramoniano poco nuevo se puede sacar, tienen un show distinto al de muchos con el que sacan la sonrisa a cualquiera que les vea en directo. Pero no solo ya por lo evidente de su parafernalia a la hora de tocar, basada en unas mascaras, cada una de un color distinto, el cual, en algunos casos, coincidía con el de su instrumento, sino en la presencia de un amigo suyo disfrazado de policía cabreado a modo de showman, que, en esta ocasión, al contar la banda con el patrocinio de la marca de cámaras de vídeo deportivas Go Pro, estuvo mucho más suelto (llevaba un casco con una “pegada” encima) e hizo bastante más el cabra que de costumbre, dejándose caer (no literalmente) en varias ocasiones por las primeras filas del público, muy entregado a temas como ‘I Don’t Wanna Be Alone Tonight’, ‘Crime Spree’, ‘I Fought The Law’ o ‘The Most Beautiful Girl’. Aun con todo ello, que no fue poco, había hueco para alguna sorpresa que otra, como fue la colaboración de Sima de los israelitas Not On Tour en ‘Heart Shaped Guitar’, en sustitución de Maura Weaver de Mixtapes, con quien ya la han tocado en un par de ocasiones.

Antes de que acabasen Masked Intruder su concierto con ‘Locked Up And Lonely’ y ‘I Don’t Wanna Say Goodbye To You Tonight’ nos dividimos en dos. Parte de la redacción regresó al The Revenge para ver a The Hotelier, otra de esas bandas pequeñas que nos motivaron a viajar hasta Bélgica. Es verdad que tocan por partida doble en Barcelona con motivo del Primavera Sound 2015, pero como la suma de nombres no nos atraía tanto como la del festival del norte de Europa, emigramos para verles en concierto. ¿Merecerían tanto la pena encima de un escenario, sobre todo cercano y con posibilidades para, una vez engorilados, hacer stage diving, como en disco? La prueba era bastante difícil pues Home, Like Noplace Is There (Tiny Engines), su segundo disco, nos había parecido tan bueno que lo habíamos incluido entre los mejores álbumes del 2014. Si bien ellos sabían como emocionarnos, algo que, aunque muchos piensen lo contrario, lo tenían fácil, sobre todo si el sonido les acompañaba, ya que no tenían más que trasladar los sentimientos de temas como ‘An Introduction To The Album’, complicado no ser el mejor comienzo de un concierto en todo el festival (oír a una carpa entera desgañitarse, nosotros inclusive, gritando los ooohs de los coros, no tiene precio), ‘In Framing’ o ‘Life In Drag’, entre otros, al directo. Quizás tocaron poco (solo 8 canciones en 35 minutos) pero, aun así, lo que interpretaron nos llevó al extasis. Ojalá todo el emocore actual fuese como el suyo (si, porque aunque toquen otros palos, es lo que realmente hacen, os guste o no).

La otra parte se acercó al Impericon, el escenario donde tendrían lugar la mayor parte de conciertos cañeros del festival, para ver a Whitechapel. La banda originaria de Knoxville, Tennessee (Estados Unidos), eran uno de nuestros objetivos metaleros de esta edición pero no cumplieron nuestras expectativas tras el buen sabor de boca que nos había dejado su último disco. Aún así, vimos su concierto entero en una posición cómoda bajo la carpa del escenario donde agotamos la última gota de paciencia esperando un poquito más de garra por parte de los americanos en balazos como ‘The Saw Is The Law’, ‘Let It Burn’ o ‘I, Dementia’.

Tras ellos tocaban una de las atracciones para los ojos de los metalcorerosWhile She Sleeps. Los británicos llegaban con su nuevo disco Brainwashed (Search And Destroy/Sony Music) bajo el brazo y dieron probablemente uno de los mejores conciertos del escenario Impericon. Salieron a comerse el mundo y vaya si lo hicieron: todo un recital de actitud, energía, interpretación y buen rollo que les llevó a tener la suficiente confianza como para subir a un chaval del público a cantar ‘Crows’ con ellos. Un setlist variado, a caballo entre sus dos discos, en el que pudimos disfrutar tanto de temas nuevos (‘Four Walls” o ‘Trophies of Violence’, entre ellos con batucada incluida por parte de los guitarristas Sean y Mat en este último) como de temas más antiguos (‘Seven Hills’, ‘This Is The Six’, o la ya mencionada ‘Crows’, aunque esta última sea de su unico EP). Lástima que la falta de tiempo nos privara de poder escuchar ‘Our Courage, Our Cancer’ y ‘Our Legacy’, dos de sus mejores canciones.

Mientras el vendaval británico estaba encarando su recta final en el escenario principal llegaban una de las atracciones del día: Against Me. Tras gozar de su directo en la gira con Bad Religion por nuestro país durante el mes de junio de 2014 (les vimos en Madrid y en la fecha como cabezas de cartel en Vitoria), no podíamos esperar otra cosa que disfrutar de una rockera Laura Jane Grace respaldada por sus compañeros Inge, Jimmy y un indomable Atom Willard, que dejó su huella tanto en nuestra memoria como en el escenario principal a pesar de la hora en la que salieron a tocar. Como prueba de su triunfo, nos queda la imagen de un público dejándose la piel con ‘I Was A Teenage Anarchist’, ‘Cliché Guevara’ o ‘Trash Unreal’, por nombrar algunos de los clásicos que descargaron y que empataron en cuanto a entrega con algunas joyas de su última obra como ‘True Trans Soul Rebel’ o el himno por excelencia, ‘Black Me Out’.  Daba igual lo que sonara, desde el año pasado queríamos verles en el suelo de Meerhout y el combo no falló durante los escasos 45 minutos que le dejaron tocar. Unos grandes que ya deberían tocar en pabellones. ¿Y por que no? Quizás porque no se arriesga como antes por este tipo de sonidos. Una lastima.

Nuestra parte más metalera, esa que buscaba riffs y sonidos potentes, esa que se pasó gran parte del festival en el escenario patrocinado por Impericon, no se movió cuando acabaron While She Sleeps, pues, justo nada más terminar Against Me!, comenzaban allí a tocar Stick To Your Guns, que se comieron el escenario desde el minuto uno (como ya hicieran en su última visita a España). Venían a presentar su recién estrenado Disobedient (Summerian Records), siendo esto más bien una excusa, ya que solo tres de los once temas de su set fueron del nuevo. Esto dejó lugar a un repaso a sus tres últimos discos que hizo que la carpa se viniera abajo. Con un público entregado al 100% que coreaba todos los temas y una actuación casi perfecta (los pequeños fallos en los melódicos del vocalista Jesse Barnett se compensan con su gran energía y capacidad de discurso), los de Orange County demostraron por qué son uno de los grupos de hardcore más laureados y con más seguimiento de la última década. Sus buenos temas, potente mensaje y gran actitud sobre el escenario hacen que siempre sea un placer ver a este grupo. Y esta ocasión no fue una excepción.

Lo malo del festival belga, sobre todo este año que habían incluido un escenario más, es que si eras de gustos variados en algún momento tendrías que elegir entre varias propuestas, con la consabida perdida de las otras opciones. Algo que pasó a media tarde de la primera jornada, cuando, aun con Stick To Your Guns reventando el segundo escenario, hubo que escoger entre Motion City Soundtrack y The Smith Street Band. Lo bueno es que al ser varios pudimos desdoblarnos. La banda de Minneapolis, Minnesota (Estados Unidos), venían casi de forma exclusiva a Europa, bueno, como suelen hacer, aunque esta vez con un motivo debajo del brazo, ya que debido al reciente nacimiento del hijo de Justin Pierre, su cantante, como explicó el propio en Instagram, este ha estado bastante ocupado. Debido a ello y a que la fecha era especial, pues en ella iban a tocar al completo Commit This To Memory (Epitaph), el disco con el que muchos les descubrimos, no nos perdimos su directo. Es verdad que sabíamos lo que íbamos a oír, pero aun así nos sorprendieron debido a que, a diferencia de otras bandas que para variar y sorprender un poco alteran la colocación de los temas, ellos decidieron tocarlo de pe a pa, tal y como lo podemos escuchar en casa. La pega era que, si queríamos oír algo más, tendríamos que volver a viajar para disfrutar de esos temas “extra” pues aquí solo tenían tiempo para las 12 canciones incluidas en su segundo álbum. Pero eso es una queja menor cuando sabes que te van a tocar algunas canciones que normalmente no lo harían como ‘Invisible Monster’ (desde hace años que no la suelen incluir en su set), ‘Together We’ll Ring in the New Year’ o ‘Resolution’. Sea como fuere nos gustaron en directo, dejándonos con las ganas de que salga ya su nuevo disco, que, según anunciaron durante su show, estará a la venta en otoño, para así intentar volver a verles en directo, eso si, ya en una sala con un set completo.

Hay veces que te conformas con ver grupos de vez cuando y otras que deseas verles cada año si pudieras. Gracias al Groezrock nosotros pudimos tener el placer de formar parte del gran concierto que ofrecieron los australianos The Smith Street Band en el seno de un concurrido escenario Revenge. Si en su debut del año pasado captaron muchos seguidores en el Monster, en esta ocasión no nos caben dudas de que aumentarán su legión de fans además de afianzar la fidelidad con los que ya lo eran como nosotros y no será raro considerando que los temas extraídos de su nuevo elepé (‘Surrender’ o ‘I Don’t Wanna Die Anymore’) enriquecen más si cabe un repertorio plagado de composiciones que, aún con sus crudas letras logran que unirnos a su fiesta en temas pegadizos como el conocido ‘Young Drunk’. Quizá porque no hemos tenido la suerte de ver al grupo por España, muchos colegas se decantaron por otras opciones del running order belga. Ojalá a medio o largo plazo puedan descubrir por nuestras tierras a estos maravillosos músicos que ya han conquistado a muchos punk rockers del viejo continente, incluidos todos los miembros de la redacción de este medio digital.

Esta vez ningún solapamiento no deseado nos impidió ver a Cancer Bats, que presentaban además su nuevo álbum así que, nuestra curiosidad la matamos en el instante en que Liam y compañía irrumpían sobre el escenario Back To Basics, justo nada más acabar los australianos, con la nueva ‘Arsenic In The Year Of The Snake’. El hecho de que no hubiera foso y se permitiera el stage dive hizo que su actuación fuera una de las más épicas viendo lo bien que bordan su nueva obra (‘Satellites, ‘Beelzebub’) , poder disfrutar de nuevo de un temazo como ‘Hail Destroyer’, y que la recordemos sobretodo por la colaboración de los belgas Oathbraker, con los que intercambiaron los papeles para rendir su particular homenaje a los Beastie Boys y hacernos vibrar con su ‘Sabotage’ como sólo ellos saben. De 10 es decir poco.

A mediados de la tarde nos tocó ver a una banda que pensábamos que jamás veríamos: los californianos Atreyu. Los recuerdos de la época Myspace fueron inevitables durante todo su set, que fue sorpresivamente bueno. Físicamente se les notaba la edad y nos sembró la duda en cuanto les vimos subir al escenario, pero no tardaron ni 30 segundos en demostrar que nos equivocábamos. Las combinaciones de voces seguían siendo espectaculares (sobre todo la del batería Brandon Saller), la cinta del pelo y los solos de Dan Jacbos también estaban en su sitio y en conjunto sonaron muy redondos. Lo único que les podemos reprochar es dejaran de lado algún clásico suyo como ‘The Crimson’ para tocar la versión de ‘You Give Love a Bad Name’ de Bon Jovi, aunque esta última fuera una fiesta. Pero eso ya es cuestión de gustos.

A la vez, como a veces pasa en el Groezrock, tocaban Transtit, así que nos tocó desdoblarnos para poder contaros ambas actuaciones. Satisfechos y un poco atragantados con el final del set de los murciélagos aterrizamos en el escenario Revenge justo cuando sonaba la intro de ‘The Only One’ interpretada por unos Transit perfectamente sintonizados con el público presente, poco para lo que se merecían al ser la primera vez que cruzaban el charco para venir a tocar, que acudió a verles con la lección bien aprendida. Desde la redacción podemos asegurar que Joyride (Rise Records), su última obra, fue uno de los discos que más escuchamos antes de viajar a tierras belgas y que continuaremos oyendo tras degustar en vivo algunas de sus delicias de pop punk como ‘Rest To Get Better’ o ‘Saturday Sunday’. Tras esto solo quedaba el final, matador, pero final.

Quien sabe si la gira que pasó por el Groezrock sería la última en la que Ceremony tocan temas de sus cuatro primeros discos, bastante más punks que lo que hemos podido oír recientemente en The L-Shaped Man (Matador Records), su nuevo disco, del cual cayeron unos cuantos temas (entre otros su single ‘Your Life In France’ o ‘The Understanding’, con la que empezaron), pero visto lo visto les pedimos que NO lo hagan. Pero no solo nosotros desde aquí en un texto que lo más seguro es que jamás se lean, sino también todos los que llenaron la carpa Back To Basics, que era oír sus viejas tonadas y engorirlase más que en muchos otros conciertos del festival, incluso de propuestas más cañeras (cuando tocaron ‘Kersed’, uno de sus temas más añejos, parte de los presentes subieron al escenario a saltar encima de Ross Farrar, su cantante; en otro momento llevaron a Ross hasta abajo del escenario debido a la fuerza con la que se le subieron), dejando claro que su decidido paso al post-punk inglés de Joy Division no es lo que quieren sus seguidores de toda la vida, esos que les han hecho llegar a donde están. Si bien es verdad que gracias a ello medios más indies y festivales más mezcla de todo les pueden programar (incluso con bastante éxito, pues su “nueva” propuesta no es mala, simplemente es más lenta y diferente), no hay como ver a la gente sentir tanto la ídea de un grupo y, por mucho que quieran, eso jamás lo deberían dejar a un lado. ¿Lo harán? Esperamos que siempre tengan un hueco para lo antiguo, creemos que es necesario.

El romanticismo envolvió el interior de la carpa del escenario Revenge al escuchar las primeras notas desgarradas de Chris Simpson, el cantante de Mineral. Ya intuíamos que el show de los norteamericanos apuntaba a ser el más emotivo de la primera jornada y no nos equivocábamos puesto que el repertorio de esta banda inyectó en nuestras venas litros y litros de melancolía hasta el punto de tener que salir corriendo con el corazón en un puño para ver a Trash Talk.

Porque claro, si te gustaba el hardcore y el punk no podías perderte el concierto de los californianos. ¿Fue el concierto de Trash Talk uno de los mejores de los dos días de festival? Decir eso quizás sea pasarse dos pueblos, sobre todo si se analiza el apartado musical, pero quien se acercase a una de las carpas a disfrutar de su show, porque eso es lo que era, disfruto de la mayor gamberrada del evento belga. La banda norteamericana estuvo en su linea, que no es otra que liarla parda cuando les da por ahí (que suele ser en festivales), primando la conexión con el público más que un set extenso. Es decir, obligo a los presentes a sentarse para, una vez todos le hicieron caso, arremeter otra vez con uno de sus potentes temas; pidió a la gente que se subiera al escenario, para, una vez lleno, hacer crowdsurfing encima suyo, tanto él como Garrett Stevenson, su guitarrista; etc. Tanto nos impactó su violencia (por algo algunos dicen que lo suyo más que hardcore punk es powerviolence) que nos cuesta decir que o cual tema tocaron, pues estos fueron secundarios en un bolo directo a la yugular, de ahí que la organización escribió en Twitter que fue el “set más agresivo del viernes“.

Sin apenas fuerzas y con el recuerdo de lo vivido grabado a fuego en nuestra mente, pues no queríamos que se nos olvidase, tuvimos que escoger por última vez durante la primera jornada. ¿Pennywise o Title Fight? Nuestro lado más nostálgico y apegado a la historia tiró hacia los primeros; mientras que nuestro lado más moderno apostó por los nuevos sonidos de los segundos. Title Fight era otro de los combos a los que les teníamos más ganas, sobretodo con la continua evolución hacia sonidos atmosféricos y melodías deceleradas que encontramos en Hyperview (Anti), su última obra. El combo de Kingston supo asumir con nota la difícil misión de encabezar un escenario tras su magnifica intervención de día que presenciamos en la carpa Etnies en 2013. Empezaron con la calma de ‘Murder Your Memory’, una jugosa novedad a la que le siguió ‘Shed’, mítica canción con la que nos dejaron un buen sabor de boca al igual que con uno de sus últimos singles ‘Chlorine’ o más tarde al tocar la previsible ‘Like A Ritual’. En todo momento demostraron estar más que preparados para expandir su música más allá del circuito hardcore y punk. Si teníamos dudas de la evolución que emprendieron con Floral Green (SideOneDummy) y que continúan con Hyperview (Anti), hemos dejado de tenerlas. Ahora solo queda ver si quien esta al otro lado, ese que intenta hacerse con los grupos que están en la intersección entre la pureza de la escena punkhardcore y la diversidad del rock, apuestan por ellos. Por nosotros mejor que no, pues entonces querrá decir que no les podremos disfrutar en recintos donde no caben más de 300 personas, como la última vez que vinieron a España.

Lo de Pennywise fue una verdadera fiesta. Pudimos disfrutarlos en el Resurrection Fest de 2011 con Zoli Téglás a la cabeza y fue una gozada de concierto, pero este lo superó sin ninguna duda. Hay que reconocer que tras leer algunos comentarios en Internet sobre lo que bajaba el nivel con la vuelta de Jim Lindberg íbamos un poco desconfiados, pero por suerte nos dieron con una hora de buen punk-rock en las narices. Una hora sin cuartel que les bastó para tocar nada menos que 18 temas, dejando hueco entre todos sus clásicos para tres versiones: ‘Do What You Want’ de Bad Religion; su habitual versión de ‘Stand By Me’ dedicada a Ben E. King, fallecido el día anterior; y la más emotiva, ‘Devonshire and Crown’ de Tony Sly con la colaboración de Joey Cape de Lagwagon. Pusieron el broche de oro a su actuación como de costumbre con ‘Bro Hymn’ y mientras aún coreábamos el final del tema salimos corriendo hacia el Back To Basics para poder ver los 20 minutos que le quedaban a Defeater antes de que empezaran Social Distortion.

Cuatro temas de Defeater nos dio tiempo a ver desde que acabaran Pennywise (‘Rabbit Foot’, ‘A Wound And Scar’, ‘Dear Father’ y ‘Cowardice’) y fueron más que suficientes para darnos cuenta de lo que son capaces. Los de Massachusetts disfrutaron y nos hicieron disfrutar a partes iguales, se metieron al público en el bolsillo (y es que el hecho de que en el Back To Basics no hubiera foso se notó mucho a la hora de conectar con la gente) y nos dejaron exactamente con la sensación que esperábamos tener al salir de su concierto: son un “must” para el Resu. Nos tomamos su concierto en el Groez como un aperitivo de lo que viviremos en Viveiro, que visto lo visto, no defraudará en absoluto.

Para cerrar acabamos con el último grupo del primer día: Social Distortion. Con la de veces que Mike Ness ha visitado Europa era de extrañar que no pisara el suelo de Meerhout (Bélgica) en alguna ocasión. Han tenido que pasar 24 años para que esto ocurriera suponiendo que los promotores belgas no hubiesen negociado antes su participación, algo que desconocemos y es por eso que podemos decir que en 2015 se le ha hecho justicia a un grupo que ha escrito algunas de las mejores letras de punk de la historia. Pasada la medianoche y recuperados tras sobrevivir al huracán Pennywise, escogimos no perder detalle del vigésimo quinto aniversario de Social Distortion (Epic), un disco que tal vez no haya alcanzado a lo largo de estas décadas el éxito de otras joyas como el White Light, White Heat, White Trash (Epic) o el Sex, Love And Rock And Roll (Time Bomb). Uno a uno y en orden fueron sonando los temas que recoge su álbum homónimo. Algunas piezas eran viejas conocidas por todos como ‘Story Of My Life’ o ‘Ball In Chain’, pero también pudimos gozar en exclusiva de ‘Sick Boys’, un himno que no suelen incluir en sus directos o las imposibles ‘Let It Be Me’, ‘It Coulda Been Me’ o ‘A Place In My Heart’. Un entrenamiento diario nos sirvió para terminar casi afónicos al corear parte de cada canción que escuchábamos.

El capo Ness sólo interrumpió la actuación en contadas ocasiones, una para lanzar dos bufandas del merchandising, un instante fugaz en el que mostró su lado más amable pero no le faltó tiempo para recobrar su elegante chulería. A diferencia de otros cabezas de cartel el vecino de O.C. sólo invitaba al escenario a la persona encargada de facilitarle a pie de micro todas y cada una de las letras que centraban su repertorio, una hoja que resultó ser el único elemento de la escenografía además del omnipresente telón que habían escogido para la ocasión, la portada de dicho disco. Al finalizar ‘Drug Train’ , tema con el que cierran su obra de 1990, Mike descargó junto a Jonny Two Bags, Dave Hidalgo Jr y Brent Harding las canciones elegidas para tocar el resto del tiempo que les quedaba. Tras recordar ‘Cold Feelings’,  nos regalaron las contemporáneas ‘Machine Gun Blues’, ‘I Won’t Run No More’ y ‘Gimme The Sweet And Lowdow’, todas ellas extraídas de su última creación Hard Times And Nursery Rhymes (Epitaph) y que tocaron prácticamente del tirón dejándose para el bis de despedida, la señora versión que todos echábamos en falta (‘Ring Of Fire’) y el himno con el que la audiencia se desató y se dejó la voz (‘Don’t Drag Me Down’). Un repertorio de quince temas en 75 minutos nos pudo saber a poco, tal vez si se tratara de una edición del año 1998 el rendimiento hubiera sido mayor pero, en cualquier caso, nosotros ya nos habíamos empapado de sus actuaciones más recientes gracias a la red y acudimos al escenario Monster más que preparados y sin grandes expectativas. Como era de esperar vimos al Mike Ness del siglo XXI, un artista que ha sabido pisar con dignidad el freno para no estrellarse queriendo sonar como una joven estrella del rock. La edad no perdona, ni siquiera a los mitos vivientes.

Texto: Jorge Garrido Yuste, María José Rodriguez Carlos Fdez. Romo

FotosJavier Caulfield

Comentarios desactivados

Acciones:

Síguenos!

Camisetas Ctrl Rock mag

 

© 2012 Ctrl Rock Mag. Todos los derechos reservados.

Diseño por BreakingAway Designs