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Crónica: Comeback Kid + Nasty + Brothers Till We Die @ Sala Razzmatazz 2, Barcelona (30-01-18)

» Publicado el 31 ene por Jorge

En mi grupo de colegas, en parte formado por gente que forma o ha formado parte de Ctrl Rock mag, siempre sale la misma frase cuando se habla de una nueva visita de Comeback Kid a España: “ya les he visto n (dependiendo de quien n es un número u otro) veces“. Lo cierto es que puede que ello les haya lastrado (son inumerables las veces que han tocado por aquí, ya sea en sala o en festival) y llevar a que la fecha barcelonesa (no conocemos como les irá en el resto), la primera de su nueva visita a nuestra tierra, no tuviera el poder de convocatoria que se merecía.

Aunque también puede que el hecho de que las criticas de Outsider (Nuclear Blast), su último disco, sean tan dispares haya motivado a más de uno pensarse mucho el ir o no; o, quizás, que este mes ya hayan estado While She Sleeps y que en unas horas, al menos de cuando esta siendo escrita esta crónica, vayan a tocar 36 Crazyfists. Fuesen estas razones u otras (luego entenderéis lo que decimos), el encontrarse, nada más entrar a la Sala Razzmatazz 2, que el montaje para esa noche reducía sus dimensiones nos sorprendió. Aunque, siendo sinceros, deberíamos haberlo intuido con tan solo recordar el poco tirón que tuvo hace unos meses Andrew Neufeld, su frontman, con Sights & Sounds, su otra banda. Aun así, y jugando con la carta de que el setlist sería el que sería (su gira era para presentar un nuevo disco, así que no valía sorprenderse al respecto), disfrutamos de un gran concierto. O al meno si dentro de sus coordenadas. Me explico.

Hace años que Comeback Kid vanen plan rodillo. Es decir, girando con extenuación (no hace falta más que un rapido vistazo por la red para comprobar como desde hace media decada no hay año en el que den menos de 50 conciertos) y, sobre todo, con unas canciones aprendidas al dedillo a base de tocarlas una y otra vez (¿Qué fan de la banda no ha disfrutado en directo con ‘Do Yourself A Favor’, ‘G.M. Vicent and I’, ‘Die Knowing’, ‘Wake The Dead’ o ‘Wasted Arrows’, entre otras?). Si bien eso podría jugar a su favor, todo lo contrario. Es verdad, siguen siendo buenos, pero no tanto como podrían. La falta de sorpresa, la cual hace tiempo que dejaron de tener (a menos que sea tu primer concierto), unido a un sonido no todo lo perfecto que debería ser (hemos visto a otros sonar mejor en el mismo recinto) les llevó a no llenar. Al menos no en nuestro país.

Sin embargo, incluso con todos esos ingredientes (negativos) en juego, así como otros como un sonido alejado a propuestas más llamativas para el público general (ser más duros que otros que ahora llenan allá a donde vayan), haber surgido hace tiempo (se notó en la media de edad) o no tener unos teloneros muy llamativos, lo pasamos bien, que es lo que cuenta. Muchas veces, sobre todo por nuestra labor como criticos musicales, intentamos analizar todo al máximo e intentar entender todo, dejando de lado las simples y sencillas sensaciones que hayamos podido tener al oír de nuevo en directo temas tan manidos y disfrutados en casa (y en concierto, valga la redundancia). Y al final eso es lo que debería contar. Por ello si tuvieramos que puntar su concierto se llevan un bien alto, que ya es mucho, aunque quizás no suficiente.

Una nota que no compartieron sus compañeros de escenario. Me gustaría poder decir que me lo pasé bien y que me hicieron disfrutar las actuaciones de los belgas Nasty, que presentaban nuevo disco (Realigion -Beatdown Hardwear Records-), y los locales Brothers Till We Die, pero no, no puedo, o al menos no en parte. Su estilo, que se aleja del hardcore de los canadienses para abrazar con los brazos bien abiertos el conocido como beatdown hardcore, aunque cada una de ellas con sus ligeros matices, no está hecho para todos. Sus beatdowns, aquellos que dan nombre al estilo y que, sobre todo, llevan a parte del público realizar sus movimientos de 2-step (o karate-core para otros), y, sobre todo, sus voces guturales, a ratos dificlmente entendibles, hacen que este género sea más cerrado y tenga más complicado conseguir atraer al publico común del hardcore, como bien se pudo comprobar (¿Otra razón para el vacío de la sala? Puede). Más allá de eso, pues bien podéis decir que es una generalización en toda regla, cabe comentar que el entusiasmo mostrado por los madrileños Brothers Till We Die (Felipe, su cantante, no paró de dar las gracias a todos los que hicieron posible que estuvieran allí) nos contagió y consiguió que acabasemos disfrutando de su concierto, algo bastante complicado sobre el papel; sin embargo, con los belgas no pasó. Su estilo a ratos más lineal y plano nos llevó a dispersarnos mentalmente en algunos momentos de su actuación y mirar de vez en cuando el reloj, en pos de ver cuanto quedaba para que acabasen. Aun así, y a pesar de todo lo dicho, porque al final son gustos, más de uno y de dos acabó feliz tras sus conciertos. Por lo que, ellos tan contentos, porque realmente es a quien deben agradar, no a nosotros, los que intentamos creernos “juntaletras”.

Texto y foto: Jorge Garrido Yuste

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