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Crónica: CJ Ramone + F.A.N.T.A. @ Rocksound Bar, Barcelona (29-06-17)

» Publicado el 19 jul por Jorge

Los Ramones son posiblemente uno de los grupos que más dinero ha generado, tanto legal (derechos de autor, merch y demás parafernalia) como ilegal (copias, camisetas falsas, etc). Todo debido a un legado que difícilmente se conseguirá superar, sobre todo en el ámbito del punk.

Porque hablar de punk rock en su estado más puro es hablar de, entre otros, ellos. Una herencia que se ha seguido transmitiendo por el mundo de la mano de los miembros aun en pie. Sobre todo por parte de Marky Ramone, él más activo de los que quedan, al cual hemos visto ya en unas cuantas ocasiones por aquí. Pero no él unico, pues C.J. Ramone, el conocido como “el quinto ramone“, también anda dando guerra. Sobre todo con su propia carrera en solitario, más fructifera que ninguna otra, cuyo culmen ha sido, al menos hasta ahora, American Beauty (Fat Wreck), su último álbum. Un disco con el que ha conseguido que se le vea más allá de su apellido artístico y que gente no tan fan de los Ramones o harta de todo lo que aun les rodea les preste atención. Así que al saber que venía a presentarlo a España no dudamos ni un momento y fuimos a ver como se las gastaba encima de un escenario.

Claro está que en una ocasión como esta la promotora, conocedora del producto, iba a apostar para abrir la mayor parte de las veladas, Barcelona incluida, por el punk rock ramoniano que se factura en nuestro país y que se mueve alrededor del festival Sorrofest (¿que banda del “palo” no ha tocado ya en él?). Por ello para calentar el ambiente, y ya sea de paso llenar un poquito más la sala, disfrutamos de F.A.N.T.A., una de las formaciones que más han bebido en este país de los Ramones, valga la redundancia. Tanto que uno de sus temas, y él cual, como no, cayó aquella noche, se llama ‘Nunca vi en directo a los Ramones’. ¿Declaración de intenciones? No les hace falta porque desde el minuto uno de su actuación se descubren. En otras circunstancias intentarían enmascarar con palabras o con hechos su “descarado” (en el buen sentido de la palabra) amor por la banda neoyorquina; pero para ellos es un honor abanderar un genero que con los años se ha ganado su hueco y se ha convertido en propio por meritos propios (esto ya no es simple punk-pop). ¿Qué ya hay poco que inventar y que las canciones que puedan salir de ahora en adelante puede que se parezcan a otras? Quizás si, pero es lo que tiene ser sencillo y directo, que no necesitas mucho para sacar una melodía adelante y que se acabe convirtiendo, con sus mas y sus menos, en un nuevo tema. De ahí que tengan su público, ese que se agolpa en las primeras filas y que canta temas como ‘Yo quiero ser un zombie’ o ‘Este invierno va a ser largo’, entre otras, a pleno pulmón.

Lo que es de agradecer es que quien ama la música la ame hasta el límite de sus consecuencias (siempre pensando bien). De ahí que veamos como grandes músicos peinar canas mientras siguen tocando en conciertos y festivales. Se podría pensar, y en algunos casos es valido hacerlo, que con el paso de los años la calidad baja y, sobre todo, la energía empieza a decaer, pero todo lo contrario. Como ya hemos visto en otras ocasiones (y hemos reseñado) con Keith Morris, ahora en OFF!, o Milo Aukerman de Descendents, se puede envejecer con mucha dignidad. Y este año lo hemos vuelto a constatar (hacer un buen disco es diferente) de la mano de C.J. Ramone.

El “quinto ramone“, posiblemente uno de los miembros más desconocidos para el público general, venía a España en una gira de pequeño formato (¿donde están los fans de los Ramones ahora, esos que llenan conciertos y fiestas de barrios y pueblos con sus camisetas?) para demostrar que se merece más de lo que ha alcanzado: que American Beauty (Fat Wreck), su último disco, es un pepinazo; y que, aunque parezca un yankee (en el más amplio sentido de la definición) de esos que vemos en programas de telerrealidad de la TDT, sabe insuflar energía a diestro y siniestro. ¿La pega? Que él publico, al menos en su mayoría, quería que se olvidase de él e hiciese versiones de los Ramones (de las cuales cayeron bastantes); y que él, en pos de darse a conocer y contentar a todos, no fue menos y las hizo. Tiene calidad para más, como el disco ya mencionado en dos ocasiones en esta reseña deja claro, pero el pasado le juega una muy mala pasada. Porque, seamos sinceros, por mucho que el fénomeno ramoniano siga ahí y que de vez en cuando se vea a gente con sus camisetas (por ejemplo el que escribe vió el otro día a un niño de 2/3 años con una), hay que saber imponerse y en tours como el que le trajo a España debería dejar de lado su pasado y mezclar de mejor manera su carrera. Aun así, los más outsiders del lugar, aquellos que suscribirán las últimas frases palabra por palabra, podrán estar contentos pues pudieron oír temazos de la talla de ‘Let’s Go’, con la que abría su último disco, ‘Yeah Yeah Yeah’, ‘Steady As She Goes’ o, incluso ‘Last Chance To Dance’, el tema que da nombre a su anterior álbum. Fuese como fuese (nunca será un concierto de los Ramones y jamás será la actuación de alguien que se olvida de lo que hizo años atrás) todos nos divertimos y, como mandan los canones cuando en la misma ecuación está el barcelonés Rocksound Bar y el verano, sudamos de lo lindo. Pero esto es punk rock, si no se suda, es que no se ha disfrutado. Y nosotros sudamos, así que ya sabéis como nos lo pasamos.

Texto: Jorge Garrido Yuste

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