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Crónica: Can’t Keep Us Down 2017 @ Bar Ceferino & Ateneu Nou Barris, Barcelona (26, 27 & 28-01-17)

» Publicado el 28 feb por marggotj

Vivir en Barcelona y gustarte el punk/hardcore significa ver al Can’t Keep Us Down como una ventana hacía las bandas pequeñas, esas que normalmente cuesta ver, incluso siendo dentro de nuestro país. Por ello, y también por nuestro amor hacia nuevas propuestas, no podíamos perdernos una nueva edición del evento barcelones, al cual parte de esta redacción acudía por primera vez y, tras su experiencia, declara que no será la última.

26 DE ENERO (jornada previa)

El concierto de The Gundown la noche previa al Can’t Keep Us Down 2017 fue más que esperado teniendo en cuenta el precedente de su última actuación en el mismo local, el Bar Ceferino. ¿Cómo íbamos a perdernos una banda que no se prodiga tanto últimamente y que cuenta con auténticos himnos como ‘Hang’em High’, ‘Count Me In’ o ‘Light Up The Streets’? Por eso que acudimos a primera hora para poder garantizar el acceso al local y poder disfrutar de temas como ‘Face The Line’, ‘Bittersweet’ ‘Young Gun’ , ‘Behind These Bars’ y del resto de su arsenal para esa noche.

Para esta cita contaban además con la compañía de Naff que sorprendieron con su veloz hardcore punk y una conducta intachable que invitaba al respetable a pasar un buen rato desde la apertura del show. El mismo efecto consiguieron los siguientes en aparecer, unos viejos conocidos como Constrict, que suenan más añejos que los anteriores y que se atreven incluso a poner un punto heavy a su sonido, que los hace muy interesantes. Con un triplete de bolos de tal magnitud costaba irse de la sala tras el último acorde de los de Tarragona, pero finalmente, la cordura nos venció y nos retiramos a descansar para poder llegar al día siguiente a la primera jornada del festival con las pilas cargadas.

27 DE ENERO (primera jornada)

Nos la jugamos y diríamos que ya hemos pasado por varias ediciones del CKUD, ya fuera un día o los dos que acostumbra durar. Sin embargo, diríamos que el cartel de este año tenía algo con lo que los de ediciones anteriores no contaban. Ese “algo” era un par de grupos orientados al lado más extremo de la música: Implore y Teething. Ambas eran dos buenas razones para acudir a esta cita anual que ya se va convirtiendo en una bonita tradición.

Ese viernes las nubes del cielo molestaron un poco pero no impidieron que se congregara un buen número de asistentes en el Ateneu Nou Barris para recibir a los debutantes Get Lost y a los alemanes Night Force a los que por diversas circunstancias no conseguimos ver. El madrugón nos había pasado factura, así que, preferimos apurar la tarde y poner rumbo al festival para llegar a la hora de la cena. La degustación de una rica tortilla vegana estuvo amenizada por el directo de Hello Bastards. Vaya jaleo armaron los británicos en medio de un anochecer que prometía ser épico.

Este evento se desmarca de otros por su tono reivindicativo frente a diversas causas y por el ambiente familiar que se respira. La mayoría de las caras suelen ser conocidas, ya sean de amigos con los que asistes acompañado o aquellos que te encuentras nada más entrar por la puerta.

Puede que fuera por las camisetas negras de los fans de Implore, pero sin entrar en etiquetados y estereotipos que no nos gustan mucho, diriamos que la noche oscurecía más de lo normal por la atmósfera que invadía el escenario antes de que lo pisara este trío afincado en Alemania. Como si fueran tres guerreros apocalípticos, en el minuto uno ya habían logrado arrastrar a los seguidores del metal extremo a mover sus cráneos durante su escueto repertorio; tratándose de grindcore, tampoco podíamos esperar canciones que superaran los 3 minutos. El buen tándem que forman se reflejó en lo bien que supieron adaptarse al medio suavizando su sonido característico con la incorporación de algunas notas más hardcore. Quizá esa mezcla poco densa hizo que muchos no abandonaran despavoridos el lugar para aguardar fuera por el grupo que fue el encargado de echar el cerrojo, Belgrado. El combo liderado por Patrycja Proniewska nos hizo mover el esqueleto al son de sus canciones post-punk con guiños a los primeros Depeche Mode o a la Alaska más joven (por mencionar a los segundos seguro que nos llevamos una colleja por parte de los seguidores más puristas del estilo). Independientemente de las influencias, o mejor dicho referencias un tanto subjetivas, lo cierto es que la banda ganó puntos conmigo al lograr retenernos un viernes por la noche hasta el final de su actuación.

28 DE ENERO (segunda jornada)

La segunda jornada, aun con sus excepciones, apostaba por los sonidos más clásicos del festival, que no eran otros que aquellos que mamaban en su nombre o en su espíritu del core, ya fuese más punk, más metalero o más emo. Una mezcolanza de géneros que haría más disfrutables las horas largas que íbamos a pasar dentro de las paredes del Ateneu Nou Barris. Porque, se quiera o no, todas las bandas programadas compartían las misma esencia vital.

Aun así, cabe decir que, aunque cada uno tenía sus razones para acudir al evento (en la redacción también ocurría), al final salías del recinto con una o varias (dependiendo de quien) sorpresas sobre las espaldas a las que seguir. En nuestro caso nos ocurrió en varias ocasiones, pero la más destacada fue la de los locales Coherence. La joven formación catalana, con tan solo dos años a sus espaldas, desgranó en los 20 minutos que tuvieron de actuación los entresijos de su demo, compuesta de 5 temas. Una referencia que en directo suena, aun más si cabe, al mejor (y con lo de mejor no nos quedamos cortos) emocore noventero estadounidense. Si bien es verdad que escuchados en casa te recuerdan más a formaciones españolas del “palo” (About Leaving o L’Hereu Escampa), una vez se suben al escenario se olvidan de sus referencias más cercanas para acercarse a los grandes del género. Ojalá sigan evolucionando y pronto, productor con calidad mediante, nos traigan una referencia. Pueden dar que hablar, o mejor dicho, pues es lo que acabará pasando, dar que oír.

¡Qué bien disfruta uno de un festival como el CKUD cuando deja a un lado las absurdas etiquetas! De lo que se trata es de disfrutar de las bandas y de la buena compañía conocida o la que te rodea por primera vez. Creo que al menos, eso es lo que debió pensar el centenar de personas que no quiso perderse el debut de los madrileños Teething. En una hora mucho más temprana que en el caso de Implore, los cuatro miembros descargaron su artillería. Sonaron un poquito más hardcore de lo que se esperaba, un hecho que los mas valientes celebraron con arriesgadas coreografías en medio de un circle pit improvisado. Tratándose del otro reclamo extremo del cartel, era de esperar que  también impactara en nuestros tímpanos  algún que otro gutural y que nuestros ojos no quisieran perder de vista unas baquetas que se movían a máxima velocidad, ambos detalles que caracterizan al conocido como grindcore. Como en todo debut festivalero que se precie, en el transcurso de su actuación iban dejando huecos que rellenaban con suculentas novedades de su siguiente plástico. Hay que ver lo que dan de sí treinta minutos escasos si son bien aprovechados.

Tras el huracán madrileño tocaba disfrutar del hardcore melódico made in “el sur” de Minority Of One. La formación andaluza repetía en el festival tras su paso por la edición de 2015. El motivo era la presentación en él de los temas de Never Quit (Strait Records), su último álbum, publicado el año pasado. Si bien os puede parecer que en un evento como este, de pequeño formato, no deberían repetir bandas, la cercanía de algunas a la organización y, sobre todo, lo queridas que son, les hace volver. Y nosotros tan contentos, pues gracias a ello pudimos disfrutar de los temas nuevos en directo. Es verdad que Never Quit no llega a la altura de Glory Days (La Agonía de Vivir/In My Heart Empire), su anterior disco, y que, debido a su idiosincrasia no se puede disfrutar de él tal y como fue creado (es imposible tener en todos y cada uno de los conciertos a Dani Llamas de G.A.S. Drummers y Stephen Egerton de Descendents, las dos estrellas invitadas; pero, aun así, su fuerza acaba haciendo que las primeras filas formen un huracán difícil de mantener en su sitio sin que se lleve nada por delante. Un hecho este que invita a moverse y, con ello, a disfrutar más si cabe de los temas del set escogidos para esa noche (‘Orange & Violet’, ‘Soundtrack’ o ‘D.B.’, entre otras). De ahí que, aun con un sonido no del todo lo perfecto que se merecían, se aupasen entre el top 5 de la noche.

A lo tonto, buena música mediante, había llegado la noche y con ella la primera banda del “sector duro” de  la jornada: Insist. La banda británica venía al festival catalán con tan solo una demo en su haber (que data del 2014), pero con muchos más conciertos sobre sus espaldas. Momento que aprovechamos para cenar, pues no queríamos vernos envuelto en la maraña de gente pogueando al ritmo de su hardcore punk de corte moderno (no se parece nada a lo que se facturaba en los 80, cuando era el género más puntero dentro de la escena). Aun así, y con un buen bocadillo en las manos, disfrutamos en la lejanía de su directo que como esperabamos fue bastante potente. Sobre todo contando con que instantes después tocaba despedirse de Col·lapse.   Dos años después volvíamos a encontrarnos, al menos si una parte de la redacción, con el grupo catalán. A diferencia de la anterior (y primera) en la que les vimos en “territorio hostil”, ahora nos tocaba decirles adiós en un escenario propicio para ello, no solo por ser en su Barcelona natal, sino por ser dentro del CKUD, festival que les quiere y en el que han participado siempre que han querido contar con ellos. Con esos ingredientes en la batidora era muy complicado que su último concierto no quedase en la retina, sobre todo en la de sus fans, que se agolparon en las primeras filas en pos de cantar por última vez temas como ‘No Importa’, con la que cerraron, o ‘Enfonsat’, por decir algunas. Sus motivos tendrán (no los vamos a discutir) pero siempre es triste ver como un grupo decide poner punto y final a su carrera y mirar a otros lados. Sobre todo cuando su propuesta es diferente y daba un soplo de aire fresco a lo que se hacía en la actualidad en nuestro país. Quizás ese fue el motivo para decir adiós. La mezcla que es ya el evento a día de hoy se demostró con la siguiente banda. Hasta ese momento habíamos disfrutado de todo un poco: emocoregrindcorehardcore melódicohardcore punk, etc. De ahí que no sorprendiese que, tras el torbellino power punk de Wild Animals, llegasen la otra formación de fuera de nuestras fronteras, que, como Insist, procedían de Inglaterra. Hablamos de Higher Power. Si sus paisanos ya habían revolucionado el festival por la parte dura del genero con su hardcore punk, ellos terminaron de rematar la jugada que ellos empezaron. Pero no fue tanto con su música, que no es tan cañera, sino de sus fans, que una vez empezaron a tocar se volvieron locos y no dejaron de moverse al ritmo de su hardcore (por decir algo, porque ellos no se mueven por los derroteros habituales del género). Si bien es verdad que no dejaron en nosotros una gran huella y que lo más normal es que en el futuro ni nos acordemos de ellos, pero no hay que dejar de alabar a la organización por apostar por otros nombres, menos conocidos y que, a la postre, pueden gustar tanto como los que suelen salir en la mayoría de medios del “palo”. Visto lo visto con ellos lo consiguieron.

Con más de media jornada ventilada nos acercábamos a la media noche, momento en el que tocaba disfrutar de una de las sensaciones que había dado Madrid a lo largo de 2016. Con una actitud 100% DIY (su merch no tiene precio fijo y, encima, no es caro) llegaban Wild Animals a la Ciudad Condal, meses después de su última actuación, para presentar, de nuevo, los temas de Basements: Music To Fight Hypocrisy (BCore Disc/La Agonía de Vivir), uno de los álbumes del año. Lo sorprendente no solo era que, aun procediendo de allí, aun no les habíamos visto en directo, sino que, la “dulzura” de su propuesta (por decir algo) en cd se tornaba en rapidez y decibelios una vez se subían al escenario. Un hecho que nos hizo, así como a muchos de los que se agolparon en las primeras filas, adentrarnos más en los temas que iban tocando y que, como era evidente, pertenecían al plástico ya mencionado. ‘Sleepless Sundays’, ‘Avocado’ o ‘Guilty’, entre otras, sonaron sucias y pasadas de volumen, pero en vez de ser un handicap fue un punto a su favor que les hizo llevarse más de uno y de dos nuevos fans, y, ya que estaban, la etiqueta de “mejor concierto del festival”, no solo ya del festival. Quizás eso parezca demasiado, pero conseguir que temas tan redondos y adictivos como los suyos sean aun más atractivos y divertidos no es tan sencillo. Y como lo consiguieron, el sobresaliente que se llevaron.

Una vez acabaron nos dimos cuenta del revuelo que habían montado y que buena parte del respetable había ido a verles a ellos, porque se empezaban a notar vacíos. Una pena porque aun quedaban una última actuación de las que disfrutar antes de dar por acabada la parte en directo (luego irían los DJs, con los que cerrar la noche, si se quería). La difícil tarea de cerrar le tocó a La URSS. La banda granadina venía a presentar los temas de Maravillas del Mundo (La Corporación// Sabotage Records), un ejercicio de historia patria en toda regla, con el que nos trasladaron a la decada de los 80, cuando “la Movida” triunfaba y en la que el punk irreverente era una parte esencial de una generación, que buscaba transgredir. Aunque a día de hoy ese toque de rebeldía ya no sorprende y parece que esta anclado en el rincón de las ideologías pasadas, ellos han decidido que eso es lo que quieren hacer y que nadie ni nada les va a cambiar. Y con esa actitud se subieron al escenario del Ateneu Nou Barris donde dieron el resto por conseguir que los pocos que ya iban quedando disfrutasen. Un logro que consiguieron y que puso el broche a un evento diferente pero a la vez querido. Muchas veces vemos como una parte del público se queja de que se programen según que grupos, en su mayoría más pequeños y menos conocidos, pero tras ver el lleno del recinto aun queda un ápice de esperanza. Ojalá no se quede en esto y pronto cambien las tornas y lo ignorado empiece a salir hacia arriba. Ojalá.

Texto: Jorge Garrido Yuste María José Rodriguez

FotosJorge Garrido Yuste

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