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Crónica: Berri Txarrak + Biznaga @ Joy Eslava, Madrid (06-02-15)

» Publicado el 16 feb por Javier Caulfied

Desde que Berri Txarrak sacaron nuevo disco en noviembre del año pasado ha habido un hype generalizado en buena parte de la prensa musical especializada. No sin falta de razón pues aquél disco (compuesto por veinte canciones y estructurado en tres partes, cada una totalmente diferenciada entre sí musicalmente) venía a conmemorar el veinte aniversario de la banda. En los últimos años, Gorka Urbizu no sólo salió vivo de cada revés asestado en el seno de su vida artística, sino que cogió carrerilla y ventaja a sus propios demonios con nuevos discos y retos. Todo ello, por si fuera poco, terminó de estallar en el mencionado triple disco titulado Denbora Da Polígrafo Bakarra (Only In Dreams). Desvelando cada cosa a su tiempo, los navarros nos han ido sorprendiendo en los últimos meses, y ahora era el turno de convencer a Madrid de nuevo.

Tal como se preveía, hubo un sold out en toda regla en Joy Eslava -como hicieran unos días antes Toundra por partida doble en la misma sala-, y el reloj apremiaba si la organización quería que saliera todo como estaba previsto. Por ello, para cuando empezaron los locales Biznaga a las ocho menos diez, la sala aún estaba a medio llenar. De todos modos, los chicos no se amilanaron, ni por abrir para semejante banda, ni por tener a un público generalmente estático, y se dedicaron a escupirnos su debut Centro Dramático Nacional (Holy Cuervo) sin más concesiones al público que cierto saludo o agradecimiento en algún momento puntual por parte de Jorge, su bajista. Canciones cortas, batería machacona de base, melodías simples y efectivas tornaban una paleta vibrante conjuntamente memorable. Recordaron a unos Parálisis Permanente contemporáneos, pero sin toda esa decadencia popular vigente de entonces, lo cual hacía entrever en ocasiones cierta sensación de vacío de fondo en todo aquello. Sin embargo, aunque las influencias o reminiscencias puedan ser evidentes, no hay que faltar a la esencia que si poseen y que se manifiesta en temas efectivos como ‘Brigadas Enfadadas’ o ‘Divino Fracaso’, que los ha traído hasta aquí y no podemos obviar. Aunque la noche fue de los navarros, la elección para abrir la velada fue acertada.

Luces apagadas, gente agolpada tanto en los palcos como en el foso, aplausos, expectación y miradas furtivas entre desconocidos: Berri Txarrak desató al público ya nada más bajar las escaleras y enfundarse los instrumentos, mientras contemplábamos la escenografía que habían traído consigo. Ésta estaba basada en el cuidado artwork de Denbora Da Polígrafo Bakarra, disco que interpretaron de forma íntegra. Hasta tal punto era especial es esta gira y confianza en el trabajo, y no me no menos lo iba a ser ésta fecha con todas las localidades vendidas. “Le pese a quién le pese“, afirmaba Gorka.

Comenzaban con ‘Lanbroan’ y ‘ Ordaina’, de forma homogénea con el plástico, pero a partir de ahí rompieron el orden y fueron resquebrajando el disco en mil pedazos e intercalando todas las piezas del puzzle, y mezclando los motivos más metaleros (‘Alegia’, ‘Sutxakurrak’) con que se tornaban más melódicos e indies/poperos (‘Bigarren Itzala’, ’26 Segundotan’), sin olvidar las más punk, pildorazos urgentes que despertaban a los embelesados que se iban quedando atrás (‘Xake Mate Kultura’, ‘Zerbait Asmatuko Dugu’). Lo controvertido fue cuando, tras nueve canciones, terminaban de tocar ‘Aditu Bihurtuak’ y aprovechando la “guardia baja” del final de la canción lenta y de Gorka -que comentaba el significado de algunas letras-, el público empezó a pedir masivamente ‘Oihu’. La respuesta inmediata del trío navarro fue ceder a los designios de un público que inevitablemente también demandaría antiguas canciones.

Terminaron el bloque principal del último disco con ‘Lemak, Aingurak’ y ‘Polígrafo Bakarra’, pero todavía quedó tiempo para regresar e interpretar algunas de esas canciones de rigor, como ‘Stereo’ (con la que regresaron), ‘Bueltatzen’, ‘Oreka’ (con una simpática cuña entre medias de ‘My Number’ de Foals) e ‘Ikasten’ (donde ya es costumbre que David haga agacharse a todo el público para saltar al compás con Galder a la batería). Tras ellos, no contentos con irse así, se decidieron a hacer un segundo bis, permitiéndose Gorka primero una cover de ‘Redemption Song’ de Bob Marley, el mismo día en el que se celebraba que 70 años atrás había nacido el jamaicano, y terminando extasiados por todo lo alto con ‘Denak Ez Du Balio’ tras más de dos horas de concierto.

Dedicaron esa última canción a su querida Carola Pérez y a todos aquellos seguidores que los apoyaron en aquél concierto bajo el nombre de JMH Trío en la extinta Ritmo & Compás, además de los presentes en conciertos desde sus comienzos hasta sus últimas giras en la capital. Lo de aquella noche fue, sin duda, un mayúsculo tributo al trío de Lekunberri y a sus seguidores. Para ver clásicos siempre habrá tiempo y otras ocasiones, pero para algo tan singular puede que sólo esa vez. Y me alegro muchísimo de poder contarlo.

Texto y fotos: Javier Caulfield.

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