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Crítica: Cohen – Rooms (Desert Pearl Union/Pick Your Twelve/Fair Warning)

» Publicado el 07 nov por Jorge

Conforme pasan los años descrubres que ciertas bandas te han estado acompañando a lo largo de tu vida sin que te des cuenta. Una de ellas son los vascos Cohen, que poco a poco han sido parte de esta web, ya fuese en forma de noticias, crónicas de algunos de sus conciertos, la última de ellos a mediados del año pasado, o de entrevista. Algo de lo que se han dado cuenta desde Desert Pearl Union, permitiendonos escuchar antes que muchos los temas que componen su nueva referencia. Y nosotros, como amantes, más o menos conscientemente, de su propuesta como somos, no hemos podido resistir la oportunidad de hablar de él.

Dicen que sonar parecido a un grupo es un punto negativo para una banda, pero en el caso de Cohen es todo lo contrario, ya que nada más comenzar Rooms (Desert Pearl Union/Pick Your Twelve/ Fair Warning), su nuevo disco, nos vienen a la mente Refused (los minutos iniciales de ‘Skywalker’, con una base algo electrónica, así como su fuerza, nos llevan a su The Shape Of Punk To Come (Burning Heart)) y At The Drive-In, la alocada formación norteamericana.  Unas influencias, esta última sobre todo, de las que saben apropiarse y llevar a su terreno, que no es otro que el de la calma, pues aunque parezca difícil, la nueva propuesta de los vascos no es un reducto de brutalidad sin sentido, porque, como en los mejores álbumes del post-hardcore, género que abrazan no solo con los brazos, sino también con los pies, aquí mezclan a las mil maravillas esos viajes sonoros que promueven los teóricos del estilo (‘Renegade’, su segundo tema, es un buen ejemplo de ello).

Y bajo esas premisas, las cuales no abandonan en ningún momento, ni en ‘Schrôdinger’s Cat’, donde nos encontramos la tranquilizadora voz de Wenda Novak, nos llevan en volandas a lo largo de todo el álbum (tema instrumental -‘Subtitle’- incluido), al cual, cuando menos nos lo esperamos y más metidos estamos en su interior, disfrutando de cada uno de los recovecos que lo componen, le da por acabar. Para muchos esto sería un hándicap, pero cuando llevas 23 minutos dando bandazos al ritmo de temas como ‘Swan Song’ o ‘Home Is Where The Heart Is’, y cierran el telón con los últimos compases de ‘The Tide’, sin ninguna duda la mejor canción de las ocho que lo componen, y en la que, nombre mediante, nos acordamos de los primeros Standstill, cuando el post-core era lo suyo (aunque no eran tan desbocados en sus formas como los del norte de España), lo agradeces. Tanto que el botón de play te vuelve a llamar. Porque claro, ¿Qué es mejor, escuchar un disco 10 veces seguidas (las que debo llevar para hacer esta reseña) o una cada cierto tiempo debido a su larga duración?

En otro orden de cosas, sinceramente creo, como ya pensé en su día cuando caté por primera vez su nueva formación en directo en el Ayuken Fest (pasaron de ser cuatro miembros a solo tres), que la banda ha sabido reencontrarse y dar un paso adelante hacia un futuro más esperanzador, pues un servidor aún se acuerda de los cuatro gatos que fueron a verles a una desangelada Sala Taboo hace unos años, cuando todavía les faltaba camino por recorrer.

Un futuro que dista de ser utópico, sino que, a pesar de que muchos diréis que es simplemente mi opinión, debería ser alcanzable con las manos y así darse cuenta de que ellos son de carne y hueso, o lo que es lo mismo, cercanos a nosotros, dejando claro una vez más que muchas veces no hace falta salir fuera para escuchar ciertos sonidos. Pero menos todavía producciones de gran nivel. Si bien ya es conocido por aquí el trabajo de Santi García en sus estudios Ultramarinos Costa Brava, aun no lo es tanto el que realiza Juan Blas en sus Westline Studios, pues todavía sigue siendo reconocido como el que cantaba en Nothink. Algo que suponemos que con el tiempo, y discos como del que hoy hablamos, irá cambiando, ya que si algo podemos decir es que aquí se ha metido (para bien, todo sea dicho) de lleno, provocando la transmigración de su alma hacia la de los tres componentes de la banda, a los que les hace una transfusión de toda su experiencia dentro de la música, llegando hasta el extremo que en ocasiones parece que más que ser Cohen lo que está sonando son Nothink. Ejemplos de ello, aunque en pequeñas dosis y así no ser una copia fiel a su propuesta, hay unos poquitos. Para dar con ellos solo hay que detenerse a escuchar cada uno de los temas con calma (así a primeras esto se nota en el comienzo de ‘Renegade’ o cuando Wenda Novak canta en ‘Schrôdinger’s Cat’).

En definitiva, Cohen, como los mejores vinos, han sabido madurar su propuesta, consiguiendo con Rooms (Desert Pearl Union/Pick Your Twelve/ Fair Warning), dar forma a su mejor obra. Un disco en el que miran hacia adelante y, abandonando un poco los referentes del pasado y lo hecho hasta la fecha, suenan más a ellos mismos que nunca. Ya esperamos con ansía sus conciertos de presentación, pues si suenan tan bien como en disco, pueden ser memorables.

Lo mejor: Han vuelto a retorcer su propuesta, mirando a otros lados y siguen sonando igual de bien, incluso mejor, que siempre.

Lo peor: Quizás su duración, que puede parecer excesivamente escasa. Aunque por otro lado, si hubieran metido 3 o 4 temas más con los que pasar de los 30 minutos este podría acabar por extenuar en demasía. Nunca lo podremos saber.

85/100

Autor: Jorge Garrido Yuste

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