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Crítica: Against Me! – Against Me! As The Eternal Cowboy (Fat Wreck)

» Publicado el 26 abr por Javier Caulfied

Tan solo un añito después de su fresco debut, los chicos de Florida estrenaban nuevo disco y discográfica; seguramente ni ellos mismos podrían predecir el bien que les haría firmar por Fat Wreck Chords (ndr: recordemos que éste sello, regentado por el carismático líder de NOFX Fat Mike, es una de las discográficas más punteras de toda Norteamérica, en lo que concierne especialmente al punk rock). Además, no sólo estrenaban sello y disco sino también la incorporación de Andrew Seward, la cara más visible de los tres bajistas que han tenido hasta la fecha, y el más longevo entre sus filas.

En él, el toque bien sembrado de country-folk se acentuó de forma más precisa, sin dejar de lado la actitud punk sucia que ya acusaba su primer disco. Para definir las canciones que componen el álbum no hay que hacer una segregación considerable; todas tienen un nexo común musical irrefutable en los comienzos de Against Me!: la voz de Laura Jane Grace (por aquél entonces Tom Gabel) y los coros del guitarrista James Bowman, amén de acordes sencillos de corte más acústico que eléctrico y una batería más bien reposada, que suele marcar la velocidad de los temas.

Claramente, el peso del disco descansa sobre una voz gritona (y sin embargo, más clara que en su predecesor) y rápida que escupe palabras bajo ritmos acelerados. La apertura con ‘T.S.R. (This Shit Rules)’ es prueba de ello, como lo son la mayoría de los cortes (‘Cliché Guevara’, ‘Slurring The Rhythms’, ‘Rice & Bread’, ‘You Look Like I Need A Drink’). Aun así, dentro de esa marea de vertiente rápida, podemos distinguir entre otras más introspectivas, como los dos “singles vencedores” del disco: ‘Sink, Florida, Sink’ (una de sus ineludibles en directo actualmente) y ‘Cavalier Eternel’ como última canción dándonos la despedida con un agrio (pero instrumentalmente dulce): “Girl, I’m sorry but I’m Leaving…“. Otra que ha superado bien el paso de los años es ‘Turn Those Clapping Hands Into Angry Balled Fists’, siendo la canción más larga.

El plástico pareció ser concebido de manera conceptual de alguna manera, protagonizado por unas letras marcadas el amor a los valores personales, las amistades, los nuevos comienzos… Pero también por las luchas internas y externas que cada una de esas cuestiones presentan; de ahí su título: el “eterno cowboy” ejemplifica algo firme que estuvo en un tiempo como símbolo claro de una época, que hoy también coexiste y está ahí presente en muchas formas de fuerza y dureza pero que, a su vez, también podemos verlo desde el otro lado y contemplar algo que siempre está vagando, solo, y sin redención. Con esta metáfora es con la que se puede percibir la temática de forma general de éste segundo disco.

Lo mejor: Veinticinco minutos de energía y buenas melodías, directas al grano, y fáciles de digerir sin ser estridentes o hacerse cuesta arriba en ningún minuto, que es casi lo que duran la mitad de las canciones.

Lo peor: A pesar de contar historias y experiencias en forma de canciones “trovadoras”, se echa un poco en falta algunos estribillos más coreables para hacer sus canciones más recordadas a primeras escuchas. Sus siguientes discos vinieron cargados de ellos. En especial cierta joya del 2007.

80/100

Autor: Francisco Javier Pérez Díaz-Pintado

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